La Victoriosa Reina del mundo

Revelación a SOR MARÍA NATALIA MAGDOLNA

 

VII

LA PURIFICACIÓN Y EL DESTINO DEL MUNDO

 

Los mensajes de este capítulo son similares a los de la Salette y de Fátima y a otros mensajes y advertencias contemporáneos. Los signos más significativos de la intervención de Dios pueden ser resumidos como sigue:

1. El mundo pecador será purificado.

2. La Iglesia será renovada.

3. Habrá una era de paz y varias naciones se harán cristianas.

4. Este tiempo será el tiempo de María y del Espíritu Santo.

5. Tal vez la Iglesia proclame nuevos dogmas acerca de María.

 

El secreto del Divino Corazón

 

Una vez, en una visión, el Señor me mostró cómo la mayor parte del mundo se convertiría en un montón de ruinas. Vi ciudades y aldeas, y todo parecía como un  bosque después de un incendio. No había signo de vida en ninguna parte. De repente apareció el Divino Salvador. Vi cómo caminaba entre las ennegrecidas ruinas. Levantó su mano derecha hacia el cielo, mientras su mano izquierda apuntaba al mundo. Yo le pregunté:

–Jesús mío, ¿qué estás haciendo entre estas ruinas?

Él me contestó:

–Estoy buscando un lugar para sembrar las semillas de la promesa de mi Padre celestial, pero todo está quemado y en ruinas.

Yo entendí que su mano derecha, levantada hacia el cielo, significaba el inminente castigo, mientras que su mano izquierda, apuntando hacia el mundo, representaba su prolongada misericordia.

Conforme yo veía la visión, un escrito aparecía arriba de la diestra de Jesús:

–Esto no sucederá, si mi pueblo se convierte. Por medio de la reparación el Padre celestial tendrá misericordia del mundo.

Entonces entendí uno de los secretos del Divino Corazón: muchos no podrían nacer, si viniera esta ruina total. Su Divino Corazón, infinitamente bueno, tenía pena de aquellas almas que por esto no tendrían la oportunidad de ganar la gloria eterna.

 

“Yo te digo otra vez”

 

Jesús me dijo:

–Yo te digo otra vez: “Ora, para que antes que lleguen la santa paz y la gran misericordia para el mundo, los pecadores se conviertan a Dios y acepten mi misericordia, enmendando sus vidas. De otro modo los que no se hayan convertido antes o durante este período de gracia, morirán eternamente. Ustedes, los justos, no deben tener miedo. Oren y confíen en el poder de la santa oración. Regocíjense porque han encontrado misericordia en mi Padre celestial. No tengan miedo, mejor regocíjense, porque mi Madre Inmaculada con su poder de Reina, llena de gracia, junto con las legiones celestiales de ángeles, aniquilará las fuerzas del infierno.

 

¿Por qué la paz viene tan lentamente?

 

Así me preguntó un sacerdote y yo recibí la siguiente respuesta de la Santísima Virgen:

–El período de la paz del mundo no está retrasado. El Padre celestial sólo quiere dar tiempo a los pecadores para que se conviertan y encuentren refugio en Dios. Muchos se convertirán, aún de entre los que ahora niegan la existencia de Dios. El mundo ha recibido la gracia por esta ampliación de tiempo antes del castigo, porque el Padre celestial ha recibido con agrado la reparación y los sacrificios de las almas víctimas a través de todo el mundo. Para aquellos que se conviertan antes, las puertas del infierno estarán cerradas y ellos no serán condenados. El poder de su conversión les impedirá caer en el pecado. La reparación tiene poder porque Yo estoy orando contigo y consolando a Dios tan seriamente ofendido. Hija mía, hasta tu respiración debería ser una plegaria de expiación ante Dios.

 

La furia de Satanás

 

La Santísima Virgen me dijo que la victoria decisiva, que acabará con las mentiras del mundo y abrirá el camino a la paz prometida, vendrá cuando Satanás haya ganado poder en todas partes, cuando él haya seducido a la mayoría de las almas, cuando en su soberbia que no tiene límites, él sienta que puede arruinar toda la creación de Dios, incluyendo a las almas, cuando la verdad, la fe y la luz sólo vivan en unas pocas almas, porque todas las indecisas se habrán puesto a su lado: entonces la victoria vendrá de repente e inesperadamente.

 

El poder de María Inmaculada

 

Jesús dijo:

–Este mundo está obstinado en su maldad. Como esta obstinada maldad progresa, por eso el mundo se está alejando más y más de Mí. Pero Yo no puedo arrepentirme de mi Amor. Yo extiendo mi mano hacia ellos, y es misericordia y castigo al mismo tiempo. Misericordia y amor para aquellos que Me aman, y castigo para aquellos que Me desprecian. Si Yo te hablo a ti, tú oyes la voz de Aquel que está arriba de todas las cosas en el universo. Si extiendo mi mano hacia ti, mi Madre Inmaculada se te aparecerá para que tú puedas ser salvada. Maldad engendra más maldad. El mundo ha alcanzado el punto donde la misma maldad pide tregua. El poder de mi Madre Inmaculada es capaz de devolver los ríos a sus cauces y de calmar el mar embravecido. Ella será tu ayuda.

 

Desde hace mucho tiempo, en estos días, el Corazón Inmaculado de María ha impedido la catástrofe del mundo. Un terrible destino espera a la humanidad si los hombres no se convierten. El Señor Jesús desea dar sus gracias a través de Nuestra Madre Inmaculada. Es por esto que la Santísima Virgen es la que nos llama al arrepentimiento. El Señor Jesús desea darnos sus gracias a través de la intercesión de nuestra hermosa, bendita y victoriosa Madre, quien incesantemente ora por la humanidad.

 

Vi al Espíritu Santo de Dios inundar al mundo como un fuego devastador. Este fuego no traía paz ni misericordia, sólo castigo. Dondequiera que la llama del Espíritu Santo penetraba, los espíritus malignos caían al infierno por miles. Pero antes de que todo fuera destruido, vi a la Santísima Virgen de rodillas delante de Jesús, orando e implorando misericordia para el mundo. Jesús no la miró, pero observó al Padre celestial, quien no alejó su mano extendida sobre el mundo en su justa ira. Entonces la Santísima Virgen se quitó del hombro el manto de paz y cubrió al mundo con él. Todas aquellas partes del mundo que quedaron cubiertas con el manto de María, escaparon al castigo y brillaron con el color azul de la paz. Pero donde el manto no cubría la superficie, el color rojo de la ira se podía ver ardiente como un tizón. Entendí que nosotros podemos escapar del justo castigo de Dios solamente si buscamos refugio bajo el manto de nuestra Santísima Madre e imploramos misericordia a través de Ella.

 

¿Cómo apresurar la victoria?

 

Un sacerdote me dijo que preguntara a la Santísima Virgen qué debemos hacer para apresurar la victoria. La respuesta vino de la Santísima Virgen:

–Si ustedes quieren apresurar el gran milagro de la victoria de su Reina, con el cual Yo salvaré al mundo, ustedes deben confiar en mí y en mi Hijo, como los niños confían en sus madres, además haciendo reparación, ofreciendo sus vidas y orando. Hasta ahora su confianza no ha sido suficiente y, sin embargo, la eficacia de su oración depende de su confianza. Si ustedes oran con confianza plena, la victoria que están ansiosamente esperando traerá la alegría de la paz al mundo entero. Hijos míos, ¡confíen en Mí! ¡Confíen en Mí, siempre!

 

Jesús orando

 

Vi una vez cómo Jesús oraba a su Padre celestial, y le pregunté:

–Jesús mío, ¿por quién o por qué estás Tú orando ahora?

Me contestó:

–Hija mía, Yo oro por aquellos por quienes tú deberías orar también. Imploren al Padre celestial para que la maldad de los hombres en la tierra cese pronto. Oren fervorosamente para que los corazones de los hombres puedan pronto ser llenos de una santa y celestial paz, la paz que Yo traje a la tierra, para que pueda extenderse a todas partes. Con mi oración obtuve de mi Padre que el plazo de sufrimiento terminara pronto para dar cabida a la venida del gozo celestial a ustedes. Pero antes que este tiempo llegue, ustedes deben pasar duras pruebas. Sin embargo, ustedes pueden mitigar el peso de esas pruebas con la oración y la constante reparación. Por eso oren fervorosamente y con gran confianza para que los ángeles y los santos del cielo también supliquen misericordia de mi Padre celestial, junto Conmigo y mi Madre Inmaculada. Consuelen a Dios, profundamente ofendido, no sólo por sus pecados sino por los pecados de los demás. Solamente de este modo puede la gracia del gran milagro hacer efectiva en ustedes la paz prometida.

 

El tiempo de paz

 

Jesús me mostró en una visión que después de la purificación, la humanidad vivirá una vida pura y angelical. Se acabarán los pecados contra el sexto mandamiento, el adulterio y también las mentiras. El Salvador me mostró que un amor incesante, la felicidad y el gozo divino serán el signo del mundo futuro. Vi la gracia de Dios derramarse abundantemente sobre toda la tierra, y Satanás y el pecado completamente derrotados. Después de la gran purificación, la vida de los religiosos y de los laicos estará llena de amor y pureza. El mundo purificado gozará de la paz del Señor a través de la Santísima Virgen María. Pero el Señor nunca me dijo cuándo se realizará todo esto.

 

Las pruebas de la Iglesia

 

El Señor Jesús me hizo saber que gran confusión y terror reinarán en la Iglesia exactamente antes de la victoria que Él traerá al mundo. La razón de esta confusión será que la impiedad penetrará hasta los santuarios cerrados de la Iglesia; la tradición será dañada y habrá un espíritu mundano en todas partes. Esta calamidad irá junto con el odio entre las naciones, que terminará con el estallido de muchas guerras. Muchos atacarán a la Iglesia: su objetivo será alejar a los creyentes de la Iglesia, para quitarles la confianza en ella y de ese modo se convertirán en presas de Satanás.

 

El Salvador dijo: “La mano derecha de mi Padre aniquilará a todos los pecadores que, a pesar de las advertencias y el período de gracia y el incansable esfuerzo de la Iglesia, no se conviertan”. Pero el Salvador no me dijo cómo pasará.

 

La Iglesia renovada

 

Jesús me dijo también que la Iglesia, purificada y renovada por tan grandes sufrimientos, otra vez se revestirá de humildad y de sencillez y será pobre como en sus comienzos.

No habrá títulos, dados o comprados, ni rangos para distinguir el uno del otro. En lugar de esto el espíritu de santidad penetrará todos los miembros de la Iglesia y todos vivirán según el espíritu del Sermón de la Montaña. Entre más nos acerquemos al fin del mundo, más se vivirá esta sencillez y esta pobreza.

Después del castigo, no tendrá ningún significado el construir grandes palacios y usar ropa lujosa. Cada quien sabrá sus deberes y por eso los títulos no serán necesarios. El título del sacerdote será: hermano sacerdote, y aún el Papa será llamado Hermano Papa.

 

La Reina de la Paz

 

Vi que cuando llegue la gloriosa paz y reine el amor, habrá solamente “un solo rebaño y un solo pastor”. María, la Madre de todos los creyentes, guiará la vida espiritual de las almas, apareciéndose bajo varias formas. Ella será la Reina de la próxima era.

La Reina será blanca para la gente blanca, negra para la gente negra y amarilla para la gente amarilla. Ella será la mediadora entre Dios y los hombres. A través de Jesucristo repartirá todas las gracias y los poderes que ha recibido. Su manto cubrirá la tierra entera y su tiara la embellecerá. Su Corazón dirigirá al mundo entero hasta la llegada del juicio final.

 

Jesús sobre la paz por venir

 

–Yo traje paz cuando nací, pero el mundo todavía no la ha disfrutado. El mundo tiene derecho a esta paz. Los hombres son hijos de Dios. Dios les infunde su propio Espíritu. Dios no puede permitir que se le avergüence a Él y es por eso que los hijos de Dios tienen derecho de gozar la paz que Yo prometí.

 

1.- La misión de Sor Natalia

2.- Experiencias místicas

3.- Mensajes a los Sacerdotes

4.- Enseñanzas de Jesús a Sor Natalia

5.- La Victoriosa Reina del mundo

6.- Mensajes acerca de la reparación

7.- La purificación y el destino del mundo

8.- Designios de Dios para el futuro del mundo

9.- Ofrenda de amor

10.- Las dos grandes Novenas a los Sagrados Corazones de Jesús y de María

11.- Mensajes más recientes

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Leer otros mensajes dados por Dios a otras almas

 

«En cuanto a las revelaciones privadas, es mejor creer que no creer en ellas; porque si crees y resultan ser verdaderas, te sentirás feliz de que creíste, porque Nuestra Santa Madre lo pidió. Y si resultan ser falsas, tú recibes todas las bendiciones como si fueran verdaderas, porque creíste que eran verdad.»

(Papa Urbano VIII, 1636 )