La Victoriosa Reina del mundo

Revelación a SOR MARÍA NATALIA MAGDOLNA

 

XI

MENSAJES MÁS RECIENTES (1985-1987)

 

Por la unión de la Iglesia y por el Santo Padre (1985)

 

La Santísima Virgen dijo:

–Hijos míos que practican el ofrecimiento de vida: el digno Vicario de mi Santo Hijo está esforzándose fervorosamente en promover la unión de la cristiandad porque lleva en el corazón el anhelo de mi Santo Hijo: “Que se haga un redil bajo un solo Pastor”. Lo que anhela mi Santo Hijo, eso también anhela mi Corazón maternal.

–Si el interés de la unión de los cristianos así lo requiera, hijos míos, su Madre estaría dispuesta a ponerse a un lado con profunda humildad, sólo para que se cumpla el deseo de mi Santo Hijo. Para favorecer la unidad de los cristianos pedía en mis mensajes que la forma de dirigirse a mí, que más me agrada, es ésta: “La Madre de Jesús”, porque esto aceptarían con más agrado mis hijos que están en otro redil. Los primeros apóstoles de mi Santo Hijo también me llamaban así: La Madre de Jesús. Deseo ser Madre amante de los que me aman, pero de aquellos también que no me aceptan porque yo tomo del amor inflamado del Corazón de mi Hijo, el amor maternal de mi Corazón con el que abrazo a todos.

–Hijos míos que hacen el ofrecimiento de vida, ¡sigan el ejemplo de su Madre! Saquen también de esta fuente, a fin de que en ustedes también se inflame el amor, que olvidándose de sí, abraza a todos los hombres. Como fruto de esto se completaría la obra de la redención y se lograría también la unión de los cristianos. Este sería el principio del advenimiento del Reino de Dios que desembocará en la eternidad.

– ¡Oren cada día, hijos míos, con fervoroso corazón por el Santo Padre! ¡Ayúdenlo en su trabajo sobrehumano! Él es verdaderamente digno Vicario, –revestido de Cristo-, de mi Santo Hijo. Él es enteramente mío, y yo soy plenamente suya en mi maternal amor.

 

Primavera de 1985

 

La Santísima Virgen me dijo:

– ¡Vengo con un baño de sangre!

Ella me permitió saber en qué país sucedería esto. Unos meses más tarde me volvió a decir:

–Por motivo de los muchos actos de reparación, no habrá un baño de sangre, pero sí sangre. La reparación hecha en Hungría y en todo el mundo ha sido muy agradable a Dios. Le pregunté:

– ¿Cuándo vendrás?

– ¡No voy a venir, ya estoy aquí!

 

8 de septiembre de 1985

 

Vi a nuestra Madre celestial en el 2000 aniversario de su nacimiento mientras yo rogaba con Ella para salvar al mundo de una catástrofe nuclear. Se veía hermosa, majestuosa y al mismo tiempo muy afable. Hablaba dulcemente y con amor, mientras sostenía en su mano una estrella que representaba el mundo; me dijo:

–No teman, recibí esta estrella de parte del Padre celestial en el día de mi cumpleaños.

 

Necesidad de los Grupos de Oración

 

En el otoño de 1985 tuve una visión sobre el futuro de Hungría. Reconocí la figura de la Santísima Virgen que llena de gloria y esplendor los irradiaba sobre el país. Le pregunté:

–Dulce Virgen Madre, ¿qué estás haciendo en esta tierra?

–Esta tierra es mi herencia, vine a tomar posesión de lo que es mío.

Entonces Ella se dirigió a todo el país:

–Mi pequeño y querido pueblo, ustedes son amados por mi Corazón. Son mi pequeño rebaño. ¡Recen y hagan reparación pues yo estoy con ustedes!

–Querida Madre, ¿somos tan santos? –me atreví a decirle.

–No, ustedes no van a ser salvados porque son santos, sino porque son míos.

 

La Virgen Madre me mostró luego cómo el espíritu de reparación estaba extendiéndose por toda Hungría. Vi al país como si fuera un desierto que había sido regado con bendiciones que de repente empezaban a brotar como plantas verdes. La Virgen me permitió saber que esos brotes podían crecer solamente en grupos, ayudándose y apoyándose unos a otros. Entendí que en este tiempo de la historia, que es tan hostil a la vida espiritual, las almas que crecen en Dios deberán permanecer juntas formando pequeños grupos de oración. Solamente así es como la vida puede en contra de la muerte. Pero también vi que muchos de estos brotes morían lentamente. La Santísima Virgen me explicó que eso era la consecuencia del pecado. Le pregunté:

– ¿Qué pecados te duelen más a ti y a Jesús?

–Los dos pecados más grandes son la blasfemia y la pereza para hacer el bien. También injurian a mi divino Hijo cuando reciben los sacramentos sin la debida preparación o cuando los sacerdotes los dan con negligencia.

La Virgen Madre aquí me hizo ver que la epidemia más grande que va extendiéndose en estos días por todo el mundo es la negación de la presencia real en la Sagrada Eucaristía. Esta falsa doctrina viene de algunos teólogos modernos que desorientan a la gente y que crean dudas en algunos sacerdotes cuando en la Misa hacen la consagración

 

–El otro pecado –siguió diciéndome la Santísima Virgen- es la pereza, la cual está ampliamente extendida entre ustedes. Esto significa no sólo la ausencia de fervor sino también la negligencia en el cumplimiento de sus obligaciones. La pereza es el principio de muchos pecados, tanto del cuerpo como del alma; es una enfermedad que sólo el amor de mi divino Hijo puede curar en ustedes. Una vez que el amor de Jesús se ha encendido, jamás podrá extinguirse.

Después de estas palabras, pude ver a Hungría en su futura gloria. Vi que la gente no blasfemaba y estaba llena de fervor. Le pregunté a la Santísima Virgen:

– ¿Cuándo se manifestará esto, ya que ahora estamos viviendo en el peligro de una guerra nuclear?

– ¡No tengan miedo! La paz, que es el regalo de mi Hijo para aquellos que creen en Él, no tardará mucho en venir. Vendrá a través de Mí y está muy cerca de ustedes. La paz que mi Hijo trajo al nacer y que el mundo todavía no tiene estará aquí antes que termine este siglo. Créanme, ¡solemnemente les digo que esta generación no pasará hasta que estas cosas sucedan!

 

Mensaje a las madres del mundo (1986)

 

La Santísima Virgen dijo:

–En el corazón de muchas madres arde el dolor. Se les oprime el corazón, por el estado espiritual de sus hijos, por su conducta inmoral, por el destino de su vida más allá de la muerte. Por amor hacia ellas, movida de compasión, alcancé con mis ruegos las cinco promesas. Que se consuelen, que ofrezcan con una entrega total todos los sucesos de su vida, porque el sacrificio ofrecido por los demás produce frutos de salvación para las almas. Además, no es posible aventajar el amor misericordioso de Dios.

 

¿Qué han hecho de mis mensajes de Lourdes y de Fátima?

 

La Santísima Virgen dijo:

–Mi Corazón maternal, hijos míos, tiene un profundo dolor. En los últimos siglos, especialmente en el presente, he dejado varias veces la felicidad que “ojo nunca vio y oído nunca oyó” del Reino de mi Padre, para hablarles sobre el arrepentimiento, la conversión del corazón, sobre la unidad de amor, la paz y el nuevo nacimiento que tanto anhela mi Santo Hijo.

–Durante el tiempo de mis apariciones se enfervorizaban las almas, traducían mis mensajes a casi todos los idiomas del mundo y los imprimían en millones de ejemplares. Llegaron a centenares de miles de almas, pero al fervor seguía siempre el enfriamiento, la irreligiosidad. ¿Dónde está ahora el entusiasmo que despertaron los mensajes de Lourdes y Fátima? En varios países llevaban de pueblo en pueblo mis estatuas... Después de unas pocas décadas, ¿qué se ha hecho de ese fervor?

 

Los hijos más queridos de la Virgen (1986)

 

La Santísima Virgen dijo:

–Den a conocer, hijos míos, las grandes gracias que aporta el ofrecer la vida por amor: a quienes sufren mucho en cuerpo y alma, a los enfermos incurables, a los que están impedidos de moverse, a los que yacen postrados en el lecho. Anúncienles que no sufren en vano. Divisa de oro es para toda la humanidad, y para ellos mismos, porque alcanza a tener en su alma y en su corazón, paz, fuerza y alivio, al pensar que por la aceptación paciente de sus sufrimientos, gran gozo y felicidad les espera en el cielo.

 

El alma escogida

 

Esta petición de nuestra Santísima Madre, por la gracia del Señor, ya la estoy practicando desde hace mucho tiempo, y he experimentado en qué gran medida han sentido alivio los enfermos graves, cuando a la luz de la gracia han podido comprender los grandes beneficios que reciben por la aceptación y la donación de sí mismos.

Visitaba en los hospitales a los enfermos graves, especialmente a aquellos a quienes ni sus propios familiares les iban a ver y a aquellos que han perdido su contacto con los familiares. El mayor sufrimiento lo encontraba en los enfermos que padecían de cáncer o estaban postrados en el lecho. La mayoría de ellos estaban conscientes de que su enfermedad era incurable, y por ello ya no tenía sentido para ellos la vida. Creían que ya no podían ser útiles a nadie.

Pero cuando lograron comprender:

– que son ellos los hijos más queridos de la Santísima Virgen,

– que en ellos el Señor Jesús está buscando compañeros,

– que Jesús los llama a que unan sus sufrimientos con los sufrimientos de su sacrificio en la Cruz continuando su Redención,

– que ellos son los verdaderos tesoros de la Iglesia,

– que con sus sufrimientos pueden salvar almas,

– que pueden alcanzar santas vocaciones sacerdotales,

– que pueden contribuir a que se establezca la paz en el mundo,

– que por medio de sus sufrimientos pueden reparar los pecados propios y ajenos,

– que a la hora de su muerte llegarían –sin pasar por el purgatorio- al reino de los cielos: entonces, al tomar conciencia de esto, la gracia trabajaba admirablemente en ellos. Lloraban de alegría al ver cuánto los ama Dios y la Santísima Virgen. Habían creído que Dios estaba enfadado con ellos y tomaban su sufrimiento como castigo. Había quienes no creían que existe Dios y pensaban en quitarse la vida. Cuando reconocieron qué gran gracia se esconde en hacer el ofrecimiento de vida y que la creatura no puede dar más a su Creador, han experimentado un gran cambio. Se volvieron pacientes y su estado general mejoró. La enfermera no pudo menos de notar la tranquilidad de los enfermos, su nuevo y hermoso comportamiento. Han llegado a ser santos ocultos del Señor y han mantenido su ofrecimiento fielmente hasta el fin. Unos recuperaron la salud, otros murieron santamente.

Oramos cada noche junto con nuestra bondadosa y dulce Madre celestial para que aumente el número de los que tienen la gracia de ofrecer sus vidas por amor, la cual les dará alivio, paz, tranquilidad y fuerza para soportar el sufrimiento de la tierra, y la eterna bienaventuranza en el cielo. Nuestra Madre celestial ora también por aquellos a quienes han llegado ya la gracia de ofrecer su vida, para que perseveren en ella fielmente, con fe viva, hasta la muerte.

 

Oración recomendada por la Santísima Virgen a los enfermos

 

Jesús mío, sé que Tú me amas. Aquel a quien Tú amas está enfermo. Si es posible, pase de mí este cáliz de sufrimiento. Pero añado yo también aquello que Tú dijiste en el huerto de Getsemaní: “No se haga mi voluntad, sino la tuya”.

Fortaléceme y consuélame, Jesús mío. Madre nuestra, Virgen Santísima, Tú que curas a los enfermos, ruega por mí ante tu Santo Hijo. Amén.

 

Oración a la Victoriosa Reina del Mundo (1986)

 

“¡Virgen Madre nuestra,

Victoriosa Reina del Mundo,

muéstranos tu poder!”

El Señor Jesús nos pide que recemos con gran fe y con frecuencia esta oración, y especialmente ahora que estamos viviendo en el tiempo de María, cuando la “plenitud de los tiempos” vendrá pronto y Ella podrá darnos de nuevo a su Hijo. Como Dios, el Salvador, redimió al mundo con la asistencia de la Virgen, así será también ahora: a través de María Él salvará al mundo, ahora sumergido en el pantano del pecado, de la merecida aniquilación.

–Repito de nuevo –dice Jesús-, ¡regocíjate, recen y tengan fe! El mundo se inclinará ante la orden de mi Madre Inmaculada, el crimen y el pecado cesarán, las puertas del infierno se cerrarán y el correr de la sangre se detendrá. La felicidad de la legada de la nueva era llenará el cielo y la tierra, la humanidad me adorará y me bendecirá y vivirá en mi amor.

– ¿Cuándo vendrá todo esto, Jesús mío?

–La gracia prometida está muy cerca.

– ¿Cómo vendrá, ya que no se ve que la gente esté mejorando?

–La gracia que ustedes pierden por los pecados del país y de la Iglesia será recuperada abundantemente por los ricos méritos de mi Madre Inmaculada. A pesar de toda esta destrucción, la fuerza de mi Madre Inmaculada, su Reina, vencerá a todos los enemigos. El Padre Eterno le dio este poder como regalo. La victoria será suya aunque el infierno y el mundo la ataquen uniendo todo su poder. La victoria de mi Madre Inmaculada se llevará a cabo como fue decidido en el momento de la Creación por la Santísima Trinidad. Yo doté a mi Madre de mi poder divino y las tres personas de la Santísima Trinidad la bendijeron.

 

Acerca de la venida de la Santísima Virgen

 

El 25 de enero de 1986 yo, persona indigna, recibí una gracia inesperada. Como un aviso anticipado, pude ver los acontecimientos celestiales que sucederían más tarde. Lo que vi fue sorprendentemente hermoso pero al mismo tiempo despertó en mí un sagrado temor. El Señor me permitió ver un hermoso globo rojizo, cuyo tamaño era más o menos el de la cabeza de un niño (visto de una gran distancia), el cual viajaba en una nube transparente. Venía del oriente y se detuvo por unos segundos sobre Hungría. La esfera entonces se abrió y de ella salió nuestra Madre como Reina del Mundo. Miró a Hungría, su heredad, y derramó gracias con abundancia sobre sus hijos húngaros. Todos podían verla y eso fue una de sus gracias. Los corazones de la gente ardieron de amor a Dios y al prójimo, movidos a hacer penitencia y con sus almas libres de la carga del pecado. En ese momento todos habían caído en el polvo de sus pecados y sus manos y sus ojos se volteaban hacia el cielo pidiendo misericordia. La gracia tocó los corazones de todos pero no todos la aceptaron.

Repito, esta visión es la precursora del gran milagro prometido al mundo. Por eso nuestra Madre del cielo voló sobre nosotros, viajando luego más lejos, al lugar de la gracia prometida, del gran milagro. El globo viajaba extremadamente lento hacia su destino.

 

Jesús también fijó la fecha de su venida pero, aunque yo quisiera decirlo, no puedo hacerlo, se me escapa de la memoria. Podría ser algo que puede suceder mañana, pero también en un futuro más lejano. Dios, a través de la Virgen María, irradiaba sus gracias sobre la tierra, cuando el globo siguió su viaje.

 

Ahora en 1986 Jesús me dijo:

– ¡Confíen, hijos míos, el Padre celestial levantó su misericordiosa mano sobre ustedes para bendecirlos! Yo, la Misericordia de Dios, y mi Madre Inmaculada, “la omnipotencia suplicante”, detuvimos la mano de mi Padre que ya estaba pronta para castigar al mundo sumergido en el pecado. El Padre ha tenido misericordia del mundo a través del Corazón Inmaculado de mi Madre.

– ¡Hijos míos! –continuó Jesús-, ustedes también verán la gloriosa llegada de mi Madre Inmaculada. Deseo que todos mis hijos sepan esto. Dondequiera que estén, de día o de noche, caminando o trabajando, estén pendientes de la llegada de su Madre Inmaculada. Espérenla con alegría, implórenla con amor ardiente. Preparen su entrada con hosannas, cubran su camino con avemarías y sacrificios.

 

En el cumpleaños de Sor Natalia (31 de enero de 1987)

 

En la noche de mis ochenta y seis años, di gracias a Dios por mi larga vida. Le dije:

–Si no me hubieras llamado de mi hogar cuando era una niña, ahora mi corazón no padecería, mis lágrimas no brotarían de mis ojos a causa de los muchos pecados que he cometido y que te han causado dolor.

No esperaba ninguna respuesta pero Jesús me dijo:

–Querida hija, tu madre te concibió en pecado. Yo, en mi misericordioso amor y gracia, te di la vida en el sacramento del bautismo. El bautismo fue el sacramento purificador y santificador de tu renacimiento. Tú renaciste en mi espíritu de gracia. Desde este momento, sin saberlo, tú vives en Mí como una niña. Te protejo y te amo porque eres tan pequeña. Todo lo que te ha sucedido durante estos ochenta y seis años fue por obra y gracia de mi divino amor. Por esta obra de mi amor tú tienes que alegrarte y bendecirme. Y si sientes que tu alma se debilita, lee entonces una y otra vez las palabras mías que pusiste por escrito.

“¡Alégrate Conmigo, ya que te di mi Corazón!

¡Ámame, porque he derramado en ti con abundancia mi amor desde tu nacimiento y te he cortejado sin cesar!

¡He infundido mi divino Espíritu dentro de tu alma! ¡Alábame con veneración y vive siempre en Mí con alabanza!

Bendije tu cuerpo, con el que me servirás con amor día y noche. Me di totalmente a ti en mi Divinidad y en mi Humanidad, de modo que nunca puedes tener necesidad de nada”.

Jesús me mandó escribir estas felicitaciones que Él me brindó en mi cumpleaños, quizá el último. No podía expresarlas en toda su belleza celestial, porque el autor es el mismo Dios vivo, y por varios días intenté escribirlas; al escribir y volver a escribir parcialmente pude recordar esta experiencia celestial que no puede ser redactada en toda su integridad y perfección.

Jesús continuó:

–Querida hija, ruega por los sacerdotes, que la gracia cambie su tibieza en mayor fervor y en arrepentimiento, en reparación y en una vida de penitencia. ¡Esperen con el alma renovada la venida de la gran era, que cada día está más cerca!

 

1.- La misión de Sor Natalia

2.- Experiencias místicas

3.- Mensajes a los Sacerdotes

4.- Enseñanzas de Jesús a Sor Natalia

5.- La Victoriosa Reina del mundo

6.- Mensajes acerca de la reparación

7.- La purificación y el destino del mundo

8.- Designios de Dios para el futuro del mundo

9.- Ofrenda de amor

10.- Las dos grandes Novenas a los Sagrados Corazones de Jesús y de María

11.- Mensajes más recientes

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Leer otros mensajes dados por Dios a otras almas

 

«En cuanto a las revelaciones privadas, es mejor creer que no creer en ellas; porque si crees y resultan ser verdaderas, te sentirás feliz de que creíste, porque Nuestra Santa Madre lo pidió. Y si resultan ser falsas, tú recibes todas las bendiciones como si fueran verdaderas, porque creíste que eran verdad.»

(Papa Urbano VIII, 1636 )