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Las Quince
Oraciones |
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Revelación a Santa Brígida de Suecia
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Las
Quince Oraciones
Reveladas Por Nuestro Señor A Santa Brígida de Suecia
En La Iglesia De San Pablo, en Roma
Editadas bajo
sanción del decreto del 15 de noviembre de 1966, publicado en la Acta
Apostolicae Sedis, tomo 58, número 16, del 29 diciembre de 1966.
ORACIONES
aprobadas por El Papa Pio IX
Magníficas
promesas transmitidas a Santa Brígida de Suecia
Tocante a las Revelaciones de Santa Bridgida, el Papa Benedicto XV se
expresó de la siguiente manera:
"La aprobación de estas revelaciones implica nada más que esto: Después de
una examen lento y detenido, se permite publicar estas revelaciones para
el bien espiritual de todos los fieles. Y, aunque no se les atribuye el
mismo grado de fe, igual a que se les rinde a las verdades de la religión
bajo pena; sin embargo, se les permite creer con fe humana. Es decir,
conforme a las reglas de prudencia, por las cuales son probables. Por
tanto, estando ya adecuadamente afirmadas y apoyadas por suficientes
motivos, pueden ser piadosamente creídas." "
(Les Petits
Bollandistes, Tome XII)
El día 14 de
junio de 1303 nació Santa Brígida. En ese momento, el Cura de Rasbo,
llamado Benito, oraba por un feliz parto de la señora Ingeborde.
Súbitamente, se encontró el cura envuelto en una nube luminosa y del la
cual se la apareció la Santísima Virgen, diciéndole:
"Una niña ha nacido en Birger y se oirá su voz por todo el mundo." Sagli,
die XXlV Aprilis, 1903. Imprimatur "
Sagii, dado XXIV Aprilis 1903
Imprimatur
F. J.
GIRARD, V. G.
Estas oraciones y
estas promesas fueron copiadas de un libro impreso en Tolosa (Francia) en
el año 1740. Fueron publicadas por el Padre Adrien Parvilliers, de la
Compañía de Jesús. El Padre Adrien era jesuita, misionario apostólico, en
la Tierra Santa. Este sacerdote obtuvo la aprobación, el permiso y la
recomendación que se requerían para difundir estas oraciones.
Los padres de
familia, maestros y maestras que enseñan estas oraciones a los pequeños,
por lo menos durante un año, serán premiados de Dios. Esta promesa se
aplica igualmente a los que se las facilitan a otros. Se les asegura el
privilegio de ser preservados durante la vida, de todo accidente grave,
que pudiera ocasionar la pérdida de alguno de sus cinco sentidos.
El papa Pio IX
declaró conocimiento de estas oraciones con el acto de presentar el
Prólogo. De esta manera, el Sumo Pontífice admitió la autenticidad de
estas plegarias para el bien de las almas; y firmó la aprobación el día 31
de mayo de 1862.
Esta declaración
del Santo Padre Pío IX fue confirmada con actos tangibles y concretos. Las
promesas ya se han realizado a favor de todas las personas que han rezado
estas oraciones. Además, se han producido numerosos hechos sobrenaturales.
Por este medio, Dios se ha dignado dar a conocer la rigurosa veracidad de
estas oraciones y promesas. Una colección de pequeños libros, incluyendo
estas oraciones, fue aprobada por el Gran Congreso de Malines, el día 22
de agosto de 1863.
Pregunta -- Para
obtener los PRIVILEGIOS, ¿es necesario rezar las oraciones cada día, y sin
interrupción?
Respuesta -- No
se debe faltar. Si faltase por alguna vez, se perderán los PRIVILEGIOS. Se
debería de empezar de nuevo otra vez rezando las oraciones diariamente por
el año entero. Suponiendo que durante el año completo se rezan 5480
oraciones. Se debe rezar con devoción, concentrando en las palabras que se
pronuncian.
Los que visitan a
la Iglesia de San Pablo en Roma todavía pueden contemplar el Crucifijo
Milagroso, colocado arriba del Sagrario, se encuentra en la Capilla del
Santísimo Sacramento. Este Crucifijo Milagroso fue esculpido por Pierre
Cavallini. Es el mismo crucifijo ante cual estuvo arrodillada Santa
Brígida cuando recibió estas 15 Oraciones del mismo Nuestro Señor. Además,
en esa misma Iglesia de San Pablo hay una inscripción conmemorando este
evento, en latín: "Pendentis, Pendente Dei verba accepit aure accipit et
verbum corde Bigitta Deum. Anno Jubilei MCCCL."
Por mucho tiempo,
Santa Brígida deseado saber cuántos latigazos había recibido Nuestro Señor
en Su Pasión. Cierto día se le apareció Jesucristo, diciéndole: "Recibí en
Mi Cuerpo cinco mil, cuatro cientos ochenta latigazos; son 5,480 azotes.
Si queréis honrarlos en verdad, con alguna veneración, decid 15 veces el
Padre Nuestro; también 15 veces el Ave Maria, con las siguientes
oraciones, durante un año completo. Al terminar el año, habréis venerado
cada una de Mis Llagas." (Nuestro Señor mismo le dictó las oraciones a la
santa.) "
Entonces, Nuestro
Señor hizo las siguientes PROMESAS, a las personas que se dedicaran a
rezar estas oraciones, por todo un año. He aquí las PROMESAS:
Las Promesas
1.
Libraré del
Purgatorio a 15 almas de su parentela o linaje.
2.
15 almas de su
parentela o linaje serán preservadas y confirmadas en la gracia.
3.
15 pecadores de
su linaje serán convertidos.
4.
El que rezare
estas oraciones alcanzará el primer grado de la perfección.
5.
15 días antes de
de su muerte, le daré el alimento de Mi Sagrado Cuerpo para que se escape
del hambre eterna; y le daré de beber de Mi Preciosísima Sangre para que
no padezca de sed eternamente.
6.
15 días antes de
su muerte, sentirá contrición profunda por todos sus pecados, y tendrá
conocimiento perfecto de todas sus culpas.
7.
Yo pondré el
signo de Mi victoriosa Cruz delante de él, para que sea su amparo y
defensa contra las acechanzas de sus enemigos.
8.
Antes de su
muerte, vendré a él con Mi carísima y bienamada Madre.
9.
Benignamente
recibiré su alma, y le conduciré a las delicias eternas.
10. Y
habiendo conducido a esta alma hasta las mansiones eternas, allí le daré a
beber de Manantial de Mi Divinidad; cosa que no haré con los que no hayan
recitado Mis oraciones.
11. Haz
saber que el que haya vivido en estado de pecado mortal aún por 30 años,
si rezare devotamente estas oraciones, o si hubiere propuesto rezarlas, el
Señor le perdonará todos sus pecados.
12. Yo
le defenderé contra graves tentaciones.
13. Preservaré
y guardaré sus 5 sentidos.
14. Le
preservaré de una muerte repentina.
15. Su
alma será librada de la muerte eterna.
16. Esta
alma obtendrá todo cuanto le pidiere a Dios y a la Santísima Virgen.
17. Si
haya vivido haciendo su propia voluntad durante todo su vida y si debiera
morir a día siguiente, Yo le prolongaré su existencia para que se confiese
bien.
18. Cada
vez que un alma rezare estas Oraciones, ganará 100 días más de
indulgencia.
19. Se
le asegura que será colocado junto al Supremo Coro de los Santos Ángeles.
20. Al
que enseñare estas Oraciones a otra persona, se le asegura gozo continuo y
el mérito perdurable por toda la eternidad.
21.
Dondequiera
que se rezaren estas Oraciones, o si se rezan en algún tiempo futuro, allí
estará Dios presente con Su gracia.
Primera Oración
Padre
Nuestro - Ave Maria.
¡Oh Jesucristo! ¡Sois la eterna dulzura de todos los que os aman; la
alegría que sobrepasa toda gozo y deseo; la salvación y esperanza de todos
los pecadores! Habéis manifestado no tener mayor deseo que el de
permanecer en medio de los hombres, en la tierra. Los amáis hasta el punto
de asumir la naturaleza humana, en la plenitud de los tiempos, por amor a
ellos. Acordaos de todos los sufrimientos que habéis soportado desde el
instante de Vuestra Sagrada Pasión; así como fue decretado y ordenado
desde toda la eternidad, según el plan divino.
Acordaos, oh
Señor, que durante la última cena con Vuestros discípulos les habéis
lavado los pies; y después, les distéis Vuestro Sacratísimo Cuerpo, y
Vuestra Sangre Preciosísima. Luego, confortándolos con dulzura, les
anunciasteis Vuestra próxima Pasión.
Acordaos de la
tristeza y amargura que habéis experimentado en Vuestra alma, como Vos
mismo lo afirmasteis, diciendo: "Mi alma está triste hasta la muerte."
Acordaos de todos
los temores, las angustias y los dolores que habéis soportado, en Vuestro
Sagrado Cuerpo, antes del suplicio de la crucifixión. Después de haber
orado tres veces, todo bañado de sudor sangriento, fuisteis traicionado
por Vuestro discípulo, Judas; apresado por los habitantes de una nación
que habíais escogido y enaltecido. Fuisteis acusado por falsos testigos e
injustamente juzgado por tres jueces; todo lo cual sucedió en la flor de
Vuestra madurez, y en la solemne estación pascual.
Acordaos que
fuisteis despojado de Vuestra propia vestidura, y revestido con manto de
irrisión. Os cubrieron los ojos y la cara infligiendo bofetadas. Después,
coronándoos de espinas, pusieron en Vuestras manos una caña. Finalmente,
fuisteis atado a la columna, desgarrado con azotes, y agobiado de oprobios
y ultrajes.
En memoria de
todas estas penas y dolores que habéis soportado antes de Vuestra Pasión
en la Cruz, concededme antes de morir, una contrición verdadera, una
confesión sincera y completa, adecuada satisfacción; y la remisión de
todos mis pecados. Amén.
Segundo Oración
Padre
Nuestro - Ave Maria.
¡Oh Jesús; la verdadera libertad de los ángeles, y paraíso de delicias!
Acordaos del horror y la tristeza que fuisteis oprimido, cuando Vuestros
enemigos como leones furiosos, Os rodearon con miles de injurias:
salivazos, bofetadas, laceraciones, arañazos y otros suplicios inauditos.
Os atormentaron a su antojo. En consideración de estos tormentos y a las
palabras injuriosas, Os suplico, ¡Oh mi Salvador, y Redentor! que me
libres de todos mis enemigos visibles e invisibles y que, bajo Vuestra
protección, hagáis que yo alcance la perfección de la salvación eterna.
Amén.
Tercera Oración
Padre
Nuestro - Ave Maria.
¡Oh Jesús, Creador del
Cielo y de la Tierra, al que nada puede contener ni limitar! Vos abarcáis
todo; todo es sostenido bajo Vuestra amorosa potestad. Acordaos del dolor
muy amargo que sufristeis cuando los judíos, con gruesos clavos cuadrados,
golpe a golpe, clavaron Vuestras Sagradas Manos y Pies a la Cruz. Y no
viéndoos en un estado suficientemente lamentable para satisfacer su furor,
agrandaron Vuestras Llagas, y, agregando dolor sobre dolor. Con
indescriptible crueldad, extendieron Vuestro Cuerpo en la Cruz. Y con
jalones y estirones violentos, en toda dirección, dislocaron Vuestros
Huesos.
Oh Jesús, en
memoria de este santo dolor que habéis soportado con tanto amor en la
Cruz, os suplico concederme la gracia de temeros y amaros. Amén.
Cuarta Oración
Padre
Nuestro - Ave Maria.
¡Oh Jesús, Médico Celestial, elevado en la Cruz para curar nuestras llagas
con las Vuestras! Acordaos que las contusiones y los desfallecimientos que
habéis sufrido en todos Vuestros Miembros; y que fueron distendidos a tal
grado, que no ha habido dolor semejante al Vuestro. Desde la cima de la
cabeza hasta la planta de los pies, ninguna parte de Vuestro Cuerpo estaba
exenta de tormentos. Sin embargo, olvidando todos Vuestros sufrimientos,
no dejasteis de pedir por Vuestros enemigos, a Vuestro Padre Celestial,
diciéndole: "Padre, perdónalos no saben lo que hacen."
Por esta inmensa
misericordia, y en memoria de estos sufrimientos, Os hago esta súplica:
conceded que el recuerdo de Vuestra muy amarga Pasión, nos alcance una
perfecta contrición, y la remisión de todos nuestros pecados. Amén.
Quinta Oración
Padre
Nuestro - Ave Maria.
¡Oh Jesús, Espejo de Resplendor Eterno! Acordaos de la tristeza aguda que
habéis sentido al contemplar con anticipación, las almas que habían de
condenarse. A la luz de Vuestra Divinidad, habéis vislumbrado la
predestinación de aquellos que se salvarían, mediante los méritos de
Vuestra Sagrada Pasión. Simultáneamente habéis contemplado tristemente la
inmensa multitud de réprobos que serían condenados por sus pecados; y Os
habéis quejado amargamente de esos desesperados, perdidos y desgraciados
pecadores.
Por este abismo
de la compasión y piedad, y principalmente por la bondad que demostrasteis
hacia el buen ladrón, diciéndole: "Hoy estarás conmigo en el Paraíso",
hago esta súplica, Dulce Jesús. Os pido que a la hora de mi muerte tengáis
misericordia de mí. Amén.
Sexta Oración
Padre
Nuestro - Ave Maria.
¡Oh Jesús, Rey infinitamente amado y deseado! Acordaos del dolor que
habéis sufrido, cuando, desnudo y como un criminal común y corriente,
fuiste clavado y elevado en la Cruz. También, fuiste abandonado de todos
Vuestros parientes y amigos con la excepción de Vuestra muy amada Madre.
En Vuestra agonía, Ella permaneció fiel junto a Vos; luego, la
encomendasteis a Vuestro fiel discípulo, Juan, diciendo a María: "¡Mujer,
e aquí a tú hijo!" Y a Juan: "¡E aquí a tu Madre!"
Os suplico, oh mi
Salvador, por la espada de dolor que entonces traspasó el alma de Vuestra
Santísima Madre, que tengáis compasión de mi. Y en todas mis aflicciones y
tribulaciones, tanto corporales como espirituales, ten piedad de mí.
Asistidme en todas mis pruebas, y especialmente en la hora de mi muerte.
Amén.
Séptima Oración
Padre
Nuestro - Ave Maria.
¡Oh Jesús, inagotable Fuente de compasión, ten compasión de mí! En un
profundo gesto de amor, habéis exclamado en la Cruz: "¡Tengo sed!" Era sed
por la salvación del género humano. ¡Oh mi Salvador! Os ruego que
inflaméis nuestros corazones con el deseo de dirigirnos hacia la
perfección, en todas nuestras obras. Extinguid en nosotros la
concupiscencia carnal y el ardor de los apetitos mundanos. Amén.
Octava Oración
Padre
Nuestro - Ave Maria.
¡Oh Jesús, Dulzura de los corazones y Deleite del espíritu! Por el vinagre
y la hiel amarga que habéis probado en la Cruz, por amor a nosotros, oíd
nuestros ruegos. Concedednos la gracia de recibir dignamente Vuestro
Sacratísimo Cuerpo y Sangre Preciosísima durante nuestra vida, y también a
la hora de la muerte para servir de remedio y consuelo a nuestras almas.
Amén.
Novena Oración
Padre
Nuestro - Ave Maria.
¡Oh Jesús, Virtud Real y Gozo del alma! Acordaos del dolor que habéis
sentido, sumergido en un océano de amargura, al acercarse la muerte.
Insultado y ultrajado por los judíos, clamasteis en alta voz que habíais
sido abandonado por Vuestro Padre Celestial, diciéndole: "Dios mío, Dios
mío, ¿por qué me has abandonado?"
Por esta
angustia, os suplico, oh mi Salvador, que no me abandonéis en los terrores
y dolores de mi muerte. Amén.
Décima Oración
Padre
Nuestro - Ave Maria.
¡Oh Jesús, Principio y Fin de todas las cosas, Sois la Vida y la Virtud
plena! Acordaos que por causa nuestra fuisteis sumergido en un abismo de
penas, sufriendo dolor desde la planta de los Pies hasta la cima de la
Cabeza. En consideración a la enormidad de Vuestras Llagas, enseñadme a
guardar, por puro amor a Vos, todos Vuestros Mandamientos; cuyo camino de
Vuestra Ley Divina es amplio y agradable para aquellos que os aman. Amén.
Undécima Oración
Padre
Nuestro - Ave Maria.
¡Oh Jesús! ¡Abismo muy profundo de Misericordia! En memoria de la Llagas
que penetraron hasta la médula de Vuestros Huesos y Entrañas, para
atraerme hacia Vos, presento esta súplica. Yo, miserable pecador,
profundamente sumergido en mis ofensas, pido que me apartéis del pecado.
Ocultadme de Vuestro Rostro tan justamente irritado contra mí. Escondedme
en los huecos de Vuestras Llagas hasta que Vuestra cólera y justísima
indignación hayan cesado. Amén.
Duodécima Oración
Padre
Nuestro - Ave Maria.
¡Oh Jesús, Espejo de la
Verdad, Sello de la Unidad, y Vínculo de la Caridad! Acordaos de la
multitud de Llagas con que fuisteis herido, desde la Cabeza hasta los
Pies. Esas Llagas fueron laceradas y enrojecidas, O dulce Jesús, por la
efusión de Vuestra adorable Sangre. ¡Oh, qué dolor tan grande y repleto
habéis sufrido por amor a nosotros, en Vuestra carne virginal! ¡Dulcísimo
Jesús! ¿Qué hubo de hacer por nosotros que no habéis hecho? Nada falta.
¡Todo lo habéis cumplido! ¡Oh amable y adorable Jesús! Por el fiel
recuerdo de Vuestra Pasión, que el Fruto meritorio de Vuestros
sufrimientos sea renovado en mi alma. Y que en mi corazón, Vuestro Amor
aumente cada día hasta que llegue a contemplaros en la eternidad. ¡Oh
Amabilísimo Jesús! Vos sois el Tesoro de toda alegría y dicha verdadera,
que Os pido concederme en el Cielo. Amén.
Décima-Tercia Oración
Padre
Nuestro - Ave Maria.
¡Oh Jesús, fuerte León, Rey inmortal e invencible! Acordaos del inmenso
dolor que habéis sufrido cuando, agotadas todas Vuestras fuerzas, tanto
morales como físicas, inclinasteis la cabeza y dijisteis: "Todo está
consumado."
Por esta angustia
y dolor, os suplico, Señor Jesús, que tengáis piedad de mí en la hora de
mi muerte cuando mi mente estará tremendamente perturbada y mi alma
sumergida en angustia. Amén.
Décima-Cuarta Oración
Padre
Nuestro - Ave Maria.
¡Oh Jesús, único Hijo del Padre Celestial, esplendor y semejanza de Su
Esencia! Acordaos de la sencilla y humilde recomendación que hicisteis de
Vuestra Alma, a Vuestro Padre Eterno, diciéndole: "¡Padre, en Tus Manos
encomiendo Mi Espíritu!" Desgarrado Vuestro Cuerpo, destrozado Vuestro
Corazón, y abiertas la Entrañas de Vuestra misericordia para redimirnos,
habéis expirado. Por Vuestra Preciosa Muerte, os suplico, oh Rey de los
santos, confortadme. Socorredme para resistir al demonio, la carne y al
mundo. A fin de que, estando muerto al mundo, viva yo solamente para Vos.
Y a la hora de mi muerte, recibid mi alma peregrina y desterrada que
regresa a Vos. Amén.
Décima-Quinta Oración
Padre
Nuestro - Ave Maria.
¡Oh Jesús, verdadera y fecunda Vid! Acordaos de la abundante efusión de
Sangre que tan generosamente habéis derramado de Vuestro Sagrado Cuerpo.
Vuestra preciosa Sangre fue derramada como el jugo de la uva bajo el
lagar.
De Vuestro
Costado perforado por un soldado, con la lanza, ha brotado Sangre y agua,
hasta no quedar en Vuestro Cuerpo gota alguna. Finalmente, como un haz de
mirra, elevado a lo alto de la Cruz, la muy fina y delicada Carne Vuestra
fue destrozado; la Sustancia de Vuestro Cuerpo fue marchitada; y disecada
la médula de Vuestros Huesos.
Por esta amarga
Pasión, y por la efusión de Vuestra preciosa Sangre, Os suplico, O
dulcísimo Jesús, que recibáis mi alma, cuando y esté sufriendo en la
agonía de mi muerte. Amén.
Conclusión
¡Oh Dulce Jesús!
Herid mi corazón a fin de que mis lágrimas de amor y penitencia me sirvan
de pan, día y noche. Convertidme enteramente, O mi Señor, a Vos. Haced que
mi corazón sea Vuestra Habitación perpetua. Y que mi conversación sea
agradable. Que el fin de mi vida Os sea de tal suerte loable, que después
de mi muerte pueda merecer Vuestro Paraíso; y alabaros para siempre en el
Cielo con todos Vuestros santos. Amén.
Promesas a Los Que Cantan "Ave Maris Stella"
Durante un
levantamiento en Roma, una gentío llegó a la casa donde luego se hospedaba
Santa Brígida. En seguida, la cabeza del bando habló violentamente de
quemar viva a la santa. En ese instante, Santa Brígida recurrió a Nuestro
Señor, preguntándole si ella debía huir y refugiarse en un lugar más
seguro. Jesucristo la aconsejó diciendo que se quedara en ese mismo sitio.
Jesús le dijo así: "No importa la premeditada acción que preparan de
conspirar contra tu vida. Mi poder quebrantará la malicia de tus enemigos.
Si Mis enemigos me crucificaron, es que Yo lo he permitido." Luego,
Nuestra Santísima Madre añadió: "Reunid en grupo, y cantad el Himno, 'AVE
MARIS STELLA'; y yo os guardaré de todo peligro." (Este título significa:
"SALVE, ESTRELLA DEL MAR")
Ave Maris
Stella Salve, Estrella de mar
Dei Mater
alma, Gran Portal del cielo,
Atque semper
Virgo Eres siempre Virgen
Felix coeli
porta. Madre del Señor.
Summens illud
Ave Pronunciando el Ave
Gabrielis
ore, La boca de Gabriel,
Funda nos in
pace, Cambia de Eva el nombre,
Mutans Evae nomen.
Y nos fundó en la paz.
Solve vincla reis,
Desliga a los cautivos.
Profer lumen
caecis, Alumbra a los ciegos.
Mala nostra pelle,
Despide nuestros males.
Bona cuncta posce.
Danos dicha plena.
Monstra te esse
Matrem, Muéstrate ser Madre,
Sumat per te
preces, Y ofrece nuestras preces
Qui pro nobis
natus Al Verbo Encarnado,
Tulit esse tuus.
En tu Seno Virginal.
Virgo singularis,
Virgen escogida,
Inter omnes mitis,
Madre más benigna,
Nos culpis
solutos Presérvanos sin culpa,
Mites fac et
castos. Vituosos y apacibles.
Vitam praesta
puram, Pedimos vida pura.
Iter para tutum;
El camino asegura.
Ut videntes Jesum,
Y ver a Jesucristo,
Semper
collaetemur. En gozo sempiterno.
Sit laus Deo
Patri, Gloria a Dios Padre;
Summo Christo
decus, Gloria a Dios Hijo;
Spititui Sancto,
Y al Santo Espíritu,
Tribus honor unus.
Dios, Uno-y-Trino.
Amen. Amén.
A LA
SANTISIMA VIRGEN
Oh Señora
mía, Oh Madre mía, yo me ofrezco enteramente a Vos. Y en prueba de mi
filial afecto, Os consagro en este día mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi
corazón, en una palabra, todo mi ser. Ya que soy toda Vuestra, Oh Madre de
bondad, guardadme y
defendedme como cosa y posesión Vuestra. Amén.
"500 días de
indulgencia"
Antigua Oración A San José, Más De 1900 Años
Oh San
José, cuya protección es tan grande, tan poderosa y eficaz ante el trono
de Dios. En vuestras manos entrego todos mis intereses y mis deseos. Oh
San José, asistidme con vuestra poderosa intercesión. Obtened para mí, de
vuestro Divino Hijo, Nuestro Señor, todas las bendiciones espirituales que
necesito. A fin de que, habiendo conseguido, aquí en la tierra, la ayuda
de vuestro poder celestial, pueda ofrecer mi gratitud y homenaje, al Padre
más amoroso. Oh San José, nunca me cansaré de contemplaros con el Niño
Jesús dormido en vuestros brazos. No me atrevo a acercarme mientras que el
Niño reposa sobre vuestro corazón. Abrazadle fuertemente en mi nombre; y
de parte mía, besad su
fina y delicada cabecita. Luego, suplicadle que me devuelva ese beso a la
hora de mi último suspiro. San José, patrón de los moribundos, rogad por
nosotros. Amén.
Rézalo por nueve
mañanas consecutivas por lo que usted desea. Jamás (raramente) ha fallado.
* * *
Esta oración fue
descubierta el año quincuagésimo de Nuestro Señor Jesucristo. En el siglo
XVI, o en los años de 1500 A.D., etc., envió el Papa esta Oración al
Emperador Carlos. El emperador recibió esta oración al prepararse para
emprender la batalla.
Los que leyesen
esta oración serán premiados. Igualmente se premiará a los que la
escuchasen al ser leída o si la llevasen en su persona. A todas estas
almas se les promete que no morirán repentinamente; ni se ahogarán; ni
serán afectados por el veneno. No caerán en manos de sus enemigos; ni
serán consumidos en ningún incendio; ni aun derrotados en la batalla.
Haced esfuerzos
para que se conozca esta oración, y propagadla en todas partes.
Imprimatur
Rvdsmo. Jorge W Ahr Obispo de Trenton
Gloria a Jesús y a María
La siguiente es
una carta escrita por la Santísima Virgen María, para saludar a los
habitantes de la Ciudad de Mesina. Allí es donde el Apóstol San Pablo
predicaba el Evangelio. Esta carta fue conservada en el relicario del
altar mayor, y dice así:
"Yo, María
Virgen, Sierva de Dios, Nuestro Señor, y humildísima Madre de Jesucristo,
Hijo de Dios Todopoderoso y Eterno, saludo a todos los que habitan en
Mesina. A todos les deseo salud y bendición en Nuestro Señor. Ya habéis
aprendido algo de los embajadores que se os han enviado, y habéis recibido
el Evangelio, reconociendo que el Hijo de Dios se hizo Hombre, y que
sufrió Su Pasión y muerte por la salvación del mundo. También habéis
aprendido que El es el Cristo y el verdadero Mesías. Haced esfuerzos de
perseverar, os suplico. Y mientras tanto, os prometo a vosotros y a toda
vuestra posteridad, Mi asistencia en la presencia de Mi Hijo."
"María, Virgen,
humildísima Sierva de Dios"
(Grandes gracias se conceden a los que llevan consigo una copia de esta
carta.)
* * *
Oración Por Las Negligencias Diarias
Padre Eterno, Yo
os ofrezco el Sagrado Corazón de Jesús, con todo Su AMOR, todos Sus
SUFRIMIENTOS, y todos Sus MERITOS
Primero
- Para expiar todos los pecados que he cometido este día y durante toda mi
vida. ¡Gloria al Padre, y al Hijo...!
Segundo
- Para purificar el bien que he hecho mal este día y durante toda mi vida.
¡Gloria al Padre, y al Hijo...!
Tercero
- Para suplir por el bien que yo debía de haber hecho y que he omitido
este día, y durante toda mi vida. ¡Gloria al Padre, y al Hijo...!
Una religiosa
clarisa, recién muerta, se apareció a su abadesa o Madre Superiora,
mientras que la abadesa rezaba por el alma de la fallecida. En ese
momento, la difunta habló, diciendo:
"Yo fui
admitida directamente al Cielo porque, mediante esta oración que yo rezaba
todas la noches, se pagaron todas mis deudas."
(Con esta oración NO SE INTENTA REEMPLAZAR la Confesión.)
* * *
El Ave
María De Oro
Ave María, blanco
lirio de la gloriosa y siempre-serena Trinidad.
Salve brillante
Rosa del jardín de los deleites celestiales: ¡Oh Vos, de quien Dios quiso
nacer en este mundo, y de cuya leche el Rey del Cielo quiso ser nutrido!
¡Alimentad nuestras almas con las efusiones de la Gracia Divina! ¡Amén!
"A las almas que
en vida me hayan saludado con esta oración, me apareceré con gran
resplandor en la hora de la muerte. Además, cuando el alma se separe del
cuerpo, me manifestaré con hermosura tan espléndida, que el alma sentirá
un gran consuelo. En ese instante, experimentará algo semejante a las
delicias del Paraíso."
Palabras de la
Santísima Virgen María a Santa Gertrudes al Mayor.
(De las Revelaciones, Tomo III, Capítulo XVIII)
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