Oración Mundial Hora Punta

El Sí de Cristo

Sábado, 27 de Octubre de 2007
 

Primavera.- Veo multitud de ángeles en el Cielo cantando aleluyas a Cristo Rey y María Reina, que suben ambos hacia el Cielo y encima de ellos está el Espíritu Santo, en forma de paloma, que derrama “rayos de amor a todo el mundo desde España Victoriosa en esta batalla de la oración de la Hora Punta” y se abre el Cielo y Dios Padre está en todo él, y debajo de los pies de Cristo y María, miles de mártires van cantando “Aleluya al Cordero de Dios” y debajo de ellos veo su sangre que cae como ríos de ella, no cascada, porque no salpica, sino como ríos de ella; y debajo de ella, hay España, el mapa de España que se cubre con su sangre y sale para Europa, para África, para todo el globo terráqueo, que ahora lo veo; lo veo todo inundado de esta preciosa sangre del “Sí a Cristo Rey”, y veo que de un lugar del mundo, de Judea, (sigo viendo la bola de la tierra) sale una cruz, grande y dorada que se va haciendo grande y ancha hasta abarcar todo el mundo terráqueo y todo el mundo está resplandeciente, del color del oro, pero más que oro, es brillante y al final, en las puntas hay el aura blanca de los santos que han poblado y que poblarán el mundo, gracias a las gracias de María y su Sí, que unido al sí de los mártires y los santos, son ecos del Sí de Cristo a obedecer a Dios Padre hasta la muerte, como Cordero degollado, y hay aplausos, (¿aplausos?) sí, aplauden los ángeles y cuando sus manos se separan caen de ellas rosas blancas llenas de pureza y perfume de flores, de rosas. Y veo el Cielo, y veo la Nueva Jerusalén, esa Tierra Prometida, el Edén de Adán y Eva, y ¡Están allí, los dos!
 

   Adán y Eva, pidiendo perdón a todos los mártires y siendo perdonados por ellos, por los mártires, y se abrazan todos, y hay alegría en el Cielo, y se cierra el Cielo y ya se acabó la tierra, ya no hay tierra, todo ha desaparecido de la vista de Dios, sólo queda el Cielo y sólo hay Amor, Paz, Alegría, Perdón. (¡¡Qué bonito!!) Todos nos amamos, todos nos amamos en Dios, somos, estamos dentro de Dios, como una niebla de amor y música de arpas que ponen contentos a nuestros corazones, a toda nuestra alma, que baila con Dios Espíritu Santo y que es besada de continuo por Cristo y La Madre de Dios, María Inmaculada Concebida.

   Todo es una alegría suave y a la vez la más intensa que jamás nadie ha sentido, y todos nos amamos porque todos tenemos un cuerpo dentro de lo que es Dios Padre que... ¡Oh, ahora veo su amor! ¡¡¡Dios!!!, no hay amor más grande que el suyo, allí uno cabe y uno se goza y retoza el cuerpo glorioso dentro de esta “masa”, especie de niebla-nubes, pero más transparente y toda uniforme, que es el amor de Dios, porque parece ser que vivimos dentro del amor de Dios, o sea, dentro del Espíritu Santo y a la vez  hay otra cosa, que es Dios, es decir; Dios es esa niebla-nubes, pero el amor es también eso, sin ser eso y a la vez es independiente, y a la vez está unido a Dios, y Jesús está dentro pero en cada una de las almas también está y está en el todo; que es Dios, en Dios Espíritu Santo y en Dios Padre y sigue siendo Jesús, pero en Jesús, con Jesús, está siempre María, es como si dos cuerpos (el de Jesús y el de María) siendo distintos están uno dentro del otro y siendo así; María está en todos y dentro de cada una de las almas de los santos y está en Dios Espíritu Santo al estar en Jesús, y está en todo Dios Padre por ser la Madre de Jesús.
 

   No sé cómo explicarlo, pero, es que veo, que nosotros, por una gracia de Dios, también estamos, siendo uno cada uno, cada uno está dentro y con Cristo y con María, y dentro de Dios Espíritu Santo, y dentro de Dios Padre, y formamos un todo unido y feliz, dentro mismo de la felicidad, y ya no se acaba nunca esta estación de felicidad, que es semejante a la estación de la primavera, que está llena del amor de las flores, y somos como flores dentro de Dios, que nos ama y nos acaricia continuamente.
 

Y siento, ahora mismo, este goce de ser parte de Dios; parte del todo de lo que hay en el Cielo y que es lo único que hay, porque la tierra ya ha pasado y no volverá nunca más, y los ángeles, dentro de Dios, pero independientes de nosotros, menos los nuestros o nuestro ángel de la guarda, que vive amándonos de continuo dentro de nuestra alma, que tiene forma de cuerpo humano, y que veo como los ángeles de cada uno impulsan a nuestros cuerpos y flotan por el impulso de su gracia, de la gracia de Dios de hacerlos ángeles, y son transparentes y brillan, brillan dentro de nosotros, como chispitas brillantes, muy fluorescentes, por todo nuestro cuerpo, los que son nuestros ángeles de la guarda; y cada uno tiene uno por lo menos, hay quien tiene dos, como yo, por mi labor en la tierra, y Fuerza, mi esposo, por mi labor en la tierra, y cada uno de mis hijos, por mi labor en la tierra, por cada uno de mis yernos, nueras, por mis descendientes, por mi generación, salida de mi vientre o unida a ellos bajo el sacramento del santo matrimonio, o por su unión, sus hijos; y todo por la promesa que me dio Dios, de ser todos santos, por lo cual nos dio otro ángel de protección, y que todos los santos tienen dos ángeles, y algunos tienen tres o más, como los Papas que están en el Cielo, porque el Cielo, el ir al Cielo es un regalo de Dios a las almas que dejan que Él, que Dios las ame, como las ama y las amó en su beso de la creación, que al crearse Él mismo ya nos creó a todos, ¡a todos! En su mismo momento, y por eso la vida terrena tiene un tiempo, el tiempo de vida de todas las almas en Dios, de Dios, salidas de Dios.
 

   La tierra, es como el ir al patio de la escuela, allí se comunican todos los alumnos e influyen unos con otros, pero la escuela, el edificio, es Dios, y dentro de Él, está su sabiduría, su protección, su amor maternal y paternal, que los deja dentro del Espíritu Santo y que los recoge a la hora de la muerte, al salir de la escuela e irse a Casa, al Cielo Eterno, eternamente con Dios.
 

   Y los que no están en el Cielo, están en el Infierno, pero Dios no quiere mostrarme ni hablarme hoy del Infierno, sino que vuelvo al Cielo, que es redondo, y luego todo es oscuridad de la nada.
 

Dice Dios que es redondo a mis ojos porque es la proporción donde caben más cuerpos y más perfecta unidad, por eso veo el Cielo redondo, y dentro de Él está Dios y es Dios, como ya os he dicho, y entre espacio y espacio de las almas, sin haber espacio, pero lo veo, pero Dios me dice que no hay, pues hay los ángeles que no son custodios, sino que son siervos perpetuos de Dios y que continuamente van alabando a Cristo, al Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.
 

Y veo como una explosión de luz dentro del Cielo y en el Cielo y sale al abismo, un poquito los reflejos de esta luz, que es Amor, amor de Dios, con Dios y en Dios.
 

Y amor de nosotros, de Dios con Dios, para Dios, de Dios, en Dios. Amén.
 

Y todos son felices para siempre en el Cielo.
 

  1. +Así es, bella Primavera, así es, amén, amén, amén, y un otro amén, recordando el Sí de María.
     

Y cantan los ángeles: “Bendita Tú, María niña, joven y pura esposa virgen e inmaculada mujer amada de Dios en santa y total unidad.
 

Por ti, nuestro sí, el sí de los ángeles, unido al Sí de Dios Hijo; pudo Dios hacerse hombre y los hombres pueden unirse a Dios.
 

Alabado sea por siempre el Santísimo Sacramento de la Eucaristía, el Sí de Dios a los hombres, el Sí de amor de María a Dios, el sí de las almas que dejan que Dios las santifique.
 

Bendita Tú, excelsa María, por los siglos de los siglos, amén.”
 

Y así termina mi visión del Cielo. Hoy 27 de Octubre de 2007. Doy gracias a Dios por todo.
 

Alabado sea por siempre mi Señor y mi Señora María Inmaculada, soy vuestra esclava en el mismo Amor y obediencia a Dios.
 

  1. +Sea mi amada Primavera de la Gloria de Dios. Amén.
     

Primavera.- Amén.

Y todo el Cielo dice: “Amén”.

España, Tierra de María

  Planeta, Tierra de María 

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