María Madre de la Iglesia
Revelación privada a José Luís Belmonte

 

27 de septiembre de 2008

 

J.L.: Amada Santa Madre, hoy este humilde siervo necesita tanto de vos ... Madre, quiero expresarte lo que mi humilde corazón siente este amor que desborda toda mi cuerpo,  este amor que es de entrega total hacia vos, Mamita de mi alma, a mi amado Jesús y en El a mi amado Padre y el Espíritu Santo unidos los tres en eterno amor por cada uno de sus siervos.

 

 Dice Santa María:

Pequeño hijo, vuestras palabras llenan mi corazón de alegría. Y se que tu me amas. Se de vuestros sufrimientos, se de tus alegría, y se que vuestro camino no es fácil en vuestra tierra para poder llevar y hacer que escuchen mis mensajes y de esa forma que crezca en los corazones de todos vuestros hermanos el amor y la devoción a mi Señor y mi amado Hijo. Hijo, vos solo tenéis que seguir unido en el amor que os tenemos, de Madre e hijo, y hacer crecer las devociones en todos aquellos hermanos vuestros y mis mismos hijos predilectos, para que comprendan que en cada mensaje que os doy esta la verdad y el mas puro amor. Que yo, Maria Madre de la Iglesia y Madre de todos vosotros, os quiero expresar.

Vosotros tenéis en vuestras manos lo mas preciado para mi que mucho lleváis, que es el Santo Rosario. Rezadlo amados pequeños cuantas veces puedan. Y pídanme todo lo que cada uno de vosotros padecen. Yo os prometo que os estaré siempre escuchando  todo aquello que no os deja vivir en armonía y en paz, las almas de cada uno de vosotros... Tenéis que saber que junto a mi, siempre al lado de cada uno de vosotros, se encuentra mi amado Hijo. Estamos acompañándolos en todo momento. Estamos sintiendo en nuestros corazones también el dolor y sabemos lo que os ocurre a cada uno de nuestros pequeños, y sufrimos porque queremos verlos felices y libres.

Vosotros sois parte de nuestros corazones, sois nuestras amadas criaturas, sois nuestros pequeños niños y amados hijos. Yo, como Madre de cada uno de vosotros, y mi Hijo como hermano que sufre y siente desgarrado su corazón al verlos sufrir, únanse, vuelvan a nuestra Iglesia, vivan en toda su intensidad las palabras de las Sagradas Escrituras y mediten y aprendan de ellas. Y gocen amados hijos y sientan en sus corazones y sus almas la alegría cuando vais camino al altar a recibir el Cuerpo y la Sangre Sacramentada de mi Hijo. La mas inmensa felicidad.

No os peleéis mas amados pequeños. Es el momento y la hora de comenzar a construir un mundo de paz, amor, misericordia, justicia y paz, y lleven en sus manos la llama eterna de mi corazón y sean luz junto a vuestros Pastores para que de esa forma se ilumine todos los continentes aquellos que hoy se encuentran en total oscuridad.

 

 Dice Jesús:

Amado hermano, yo os quiero expresar en las palabras mas sencillas, para que cada uno de vosotros puedan comprender, que junto a mi amada Madre, unido a Dios Padre y al Espíritu Santo, junto a los Santos, Ángeles y Arcángeles, os amamos. Y cada minuto que transcurre deseo que vosotros sepáis que estamos unidos, cuidándolos de toda tentación de pecado que manche vuestras almas,  y haciendo que caminen por el sendero de la verdad y el amor.

Amados hermanos, ya no permitan que os lleven con engaños rumbo a otras religiones. Sí. Os pido que os respetéis y que se unan a hablar, para unirse todos. Y caminen juntos por el mismo sendero que es el de la luz. Yo, hermanos, veo con inmenso dolor a muchos de vosotros confundidos y aturdidos sin saber el sendero que debéis seguir. Simplemente vengan a mi morada. Vengan a nuestros brazos. Escuchen de la voz de mis discípulos las palabras del libro Sagrado. Mediten amados míos de cada una de ellas,  peregrinen, caminen por el mundo  evangelizando, luchen con el don de las palabras que os entregue, y con la luz misericordiosa de cada una de vuestros corazones. Aprendan a amar hijos, pero a cada uno de vuestros hermanos, desde lo mas profundo del corazón. Hermanos míos, unido a mi Madre os queremos decir que os amamos mas allá del desprecio de mucho de vosotros, mas allá de los agravios y ataques a nuestra morada, mas allá de la indiferencia, vosotros sois nuestros hijos unidos en nuestro corazón.

 

 Dice el Padre:

Hijo, diles a quienes que os rodean que se unan en este eterno peregrinar. Que verán que sus vidas han de cambiar, que el mundo cambiara y podrán ser libres. Pero pequeños, verdaderamente libes, sin ataduras ya mas, sin odios ni rencores, sin mentiras, sin maldad. Vivirán en un mundo de amor, de paz y armonía, y en vuestro corazón se encontrara la luz divina de mi Hijo y la llama eterna de mi amor.

Hijos, escuchen hoy la voz de mi Hijo amado, la voz de mi amada Señora a través del Espíritu Santo, y sigan cada uno de sus pedidos, aunque ustedes no comprendan y no puedan entender. Vosotros amados hijos, muchas veces reniegan de nuestro amor  marchándose y abandonándonos al inmenso dolor. Yo os ofrecí el Paraíso. Yo os ofrezco a traves de cada día mi eterno amor, y con El una nueva vida. Yo os di a mi amado Hijo para que El, quien ocupa el lugar mas inmenso de mi amor, fuera crucificado. Y su Cuerpo destrozado ... solo por vosotros los hombres llenos de egoísmos, llenos de ambiciones y de querer simplemente el poder.

Amados hijos, aquí en el Reino de los Cielos, de nada os servirá lo que vosotros podréis poseer en vuestro mundo. Ahí ha de quedar. Aquí solo veremos lo que se encuentra escrito en el libro de la verdad y la vida. Aquí saldrá a la luz el amor que a traves de vuestros años has sembrado en vuestra tierra y en el corazón de cada hermano vuestro. Pero también esa entrega de cuerpo y alma con aquel que sufre, aquel que se encuentra solo, aquel que necesita de cada uno de sus hermanos. Yo Padre, unido a mi amado Hijo y al Espíritu Santo, junto a mi fiel y amada Maria, os rogamos, cambien amados hijos, cambien y a partir de este instante caminen unidos todos al gran rebaño llevando en sus manos la luz y en sus corazones el eterno amor.

 

 Dice Santa María:

Yo, Madre de todos vosotros y de mi Iglesia ...

 

Dice Jesús:

 Yo, Hermano vuestro ...

 

 Dice el Padre:

 y Yo vuestro Padre, por primera ves nos unimos en un solo corazón que sufre y llora por muchos de vosotros. Nos unimos para rogarles que vuelvan a nuestra morada. Y a nuestros Hijos E hijas predilectas les decimos que oren amados pequeños y que cumplan cada uno de vosotros con los votos dados. Por el amor que vosotros nos profesáis. Y desde vuestros humildes y sensillos corazones, como debéis poseer, tengáis el razocinio de poder entender, y acompañen a cada uno de nuestros mensajeros del eterno amor, y crean que estas palabras son nuestras, de vuestros Padre y Hermano. Que abráis vuestros corazones y aquellos que piensan que no se encuentran personas que nosotros mismos hemos elegidos para llegar a traves de la palabras a cada uno de vosotros, os equivocáis. Y nos duele el corazón al ver que si prensáis así, algunos de vosotros están enceguecidos y ya no nos escuchan a traves de vuestro corazón.

Acompáñelos y escuchen sus voces porque, amados hijos, es nuestra propia voz. No os fijes si son pobres, si no poseen estudios, si sus vidas no fueron ejemplo en otros tiempos ... ¿sabéis porque los hemos buscado y convocado? Porque en cada uno de vuestros hermanos se encuentra hoy la verdadera conversión, porque vivieron un infierno y porque hoy están entregados a nuestro amor y de esa forma al amor de cada uno de vosotros.

Recibid la eterna bendición cada uno de vosotros, que es, en el nombre del Padre,  del Hijo y del Espíritu Santo unidos en eterno amor.

Y recibid en vuestros cuerpos la llama de mi  amor, vuestro Señor, Aquel que os cuida y que oyen. A mi amado Hijo, junto a su amada Madre, cuando llegan hasta mi trono a pedir por cada uno de vosotros.

Os amamos hijos no os olvidéis nunca. No os olvidéis de nuestro eterno Amor por cada uno de vosotros. Amén. 

PALABRAS DADAS POR EL PADRE EL HIJO Y NUESTRA AMADA MADRE UNIDOS EN EL ESPÍRITU SANTO.

 

27/09/2008                                                     05:10 DE LA MADRUGADA.


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«En cuanto a las revelaciones privadas, es mejor creer que no creer en ellas; porque si crees y resultan ser verdaderas, te sentirás feliz de que creíste, porque Nuestra Santa Madre lo pidió. Y si resultan ser falsas, tú recibes todas las bendiciones como si fueran verdaderas, porque creíste que eran verdad.»

(Papa Urbano VIII, 1636 )