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María Madre de la Iglesia |
| Revelación privada a José Luís Belmonte |
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24 de septiembre de 2008 Dice Santa María: Amados hijos, venid a mi encuentro. Venid a estar junto a mi corazón. Venid unidos en peregrinación orando, acompañados por el amor que me profesáis. Unidos en el amor de hermanos tratando todos juntos de realizar un mundo mejor. Un mundo que camine por el sendero de la luz. La luz que ha de ingresar en cada corazón llenándolos del más puro amor, misericordia y pureza. Para que estéis en mi nombre haciendo una profunda evangelización en todos los rincones de la tierra. Mañana amados hijos, cómo tanto años, os espero junto a mi corazón, junto a mi hija quien me abrió su corazón y se entrego en mis brazos aceptando y obedeciendo fielmente cada uno de mis pedidos. Mmañana es una fiesta en el Reino de los Cielos al ver a todos vosotros de distintos lugares, peregrinos de la fe, mensajeros del amor de mi llama, trayendo en vuestras manos la más delicada flor, que es para vuestra Madre el rezo del Santo Rosario. Juntos en mi morada, llenos de devoción y venís a recibir el Cuerpo de mi Hijo. Venís con cánticos, que se unirán a ellos los coros celestiales. Mañana amados hijos el cielo llevara el color de mi manto, y el Espíritu Santo descenderá sobre todos vosotros para bendecirlos, para entregarles la paz a cada una de vuestras almas. Y yo pequeños de mi corazón haré descender una lluvia de rosas sobre vosotros. Yo os recibo en mi morada, yo os espero con eterno amor. Si vosotros pudierais ver la alegría que hay en mi humilde corazón de Madre de todos vosotros. Cada día que transcurre os digo de mi amor, y también de mi dolor por ver vuestros sufrimientos. Cada día que transcurre os ruego que se unan para que a traves de mis palabras dadas a mis hijos en los distintos continentes, llegue hasta el corazón de aquellos que se han separado de mi Iglesia. Para que crezca la conversión, y vuelvan junto a mi amado Hijo y se consagren a su Divino Corazón. Amados pequeños, nunca dejen de rezar el Santo Rosario. Es la llave para que las puertas del Reino de los Cielos se abran para cada uno. Recen por las almas del purgatorio, por los enfermos, por los que se encuentran solos, por los niños, adolescentes y ancianos. Para que vivan en mundo de paz y armonía, justicia y amor. Recen por un mundo donde siempre este presente el amor y la luz misericordiosa de Cristo Jesús. Y yo os prometo, amados míos, que junto a mi Hijo hemos de interceder por cada uno de vosotros, para que lleguen hasta cada uno la eterna bendición y cuando llegue la hora de partir rumbo a la verdadera vida, la vida eterna, puedas gozar del Reino de los Cielos. Y estar junto a mi lado. Os amo pequeños míos, os espero como cada año. Pero quiero que me hagáis una promesa, que no será solo este día el cual acudiréis a mi encuentro. Sino que os espero siempre. Recuerden, la oración ha de salvar vuestro mundo. El Santo Rosario hará que la flor marchita del amor, renazca para siempre y su aroma envuelva vuestros cuerpos bajo mi eterna bendición. Yo SANTA MARÍA MADRE DE LA IGLESIA, bajo la presencia DE SANTA MARÍA DEL ROSARIO DE SAN NICOLÁS, os quiero cobijar bajo mi manto de eterno amor y protección. Os prometo amados pequeños míos que a todos aquellos que lleguen hasta mi presencia, derramare la lluvia de rosas que se transformara en la mas inmensa bendición, ingresando en el cuerpo y se dirigirá rumbo a vuestros corazones. Os amo pequeños míos. Os amo. Amen. SANTA MARÍA MADRE DE LA IGLESIA. 24/09/2008 7:35 horas.
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«En cuanto a las revelaciones privadas, es mejor creer que no creer en ellas; porque si crees y resultan ser verdaderas, te sentirás feliz de que creíste, porque Nuestra Santa Madre lo pidió. Y si resultan ser falsas, tú recibes todas las bendiciones como si fueran verdaderas, porque creíste que eran verdad.»
(Papa Urbano VIII, 1636 )