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María Madre de la Iglesia |
| Revelación privada a José Luís Belmonte |
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23 de septiembre de 2008 Dice Santa María: Hijo, si no comienzan a caminar y a regar toda la tierra con la semilla del amor, y reguéis la tierra reseca por falta de oración, que es el agua que ingresa en sus raíces y fortalece cada una de las semillas, cada una de las plantas, aquellas que anidan en muchos corazones, aquellas raíces que hacen que florezca la esperanza y se encienda la luz de eterno amor ... si no hacéis lo que os digo pequeños míos, pronto veréis lentamente como se secarán todas las flores que en ella se encuentra ... se apagara el canto de las aves y sobre todos vosotros habrá soledad y desolación ... no se escuchara la sonrisa de los labios de los niños y ya no ha de cantar mas el ruiseñor ... el sol se esconderá entre las nubes y fuertes vientos azotaran vuestras vidas ... todo será tristeza y un inmenso dolor ... os encontrareis perdidos en vuestras propias ciudades, y no sentirán en vuestros cuerpos la llama de mi amor ... la luz del sendero se irá apagando frente a vuestras miradas y caminarán durante días y noches para volver a comenzar, pero tendréis que pasar momento de tristeza, momentos de agonía y de dolor. Porque cada día muchos de vosotros se apartaron del verdadero amor que a traves de la llama de mi corazón os entregaba amados hijos,. Habéis dejado de orar a mi amado hijo, y a mi Señor. Vosotros estáis llevando vuestras vidas a un mundo de tinieblas. Vosotros hijos estáis entregando vuestra alma que es el tesoro más preciado que vosotros tenéis en las manos del ángel desterrado. Os dejáis llevar con engaños por las fuerzas del mal. ¿Cuando os daréis cuenta que tenéis que cambiar? ¿Que tenéis todos vosotros que volver al amor de Cristo Jesús? ¿De venir bajo mi manto misericordioso de amor? ¡No os puedo comprender porque os separáis de mi morada! ¿Porque no os confesáis y renegáis continuamente de vuestra cruz amados pequeños míos, en vez de abrazarla a ella y besarla? Sí. Mi amado Hijo, lleno de pureza, de amor, besó la cruz que no debía llevar y lo izo por todos vosotros, para salvarlos de vuestros pecados. ¿Porque hijos, vosotros hoy, no enfrentan la pequeñita cruz que tenéis que llevar y seguir caminando pero con verdadero amor? Amados Hijos, no puedo comprender porque hay tanto odio, rencor, maldad, envidia, mentira, en los corazones de muchos de mis pequeños. Porque atacáis mi morada, mi amada Iglesia. Porque atacan a mis Hijos predilectos. Porque abandonan el gran rebaño y se marchan por caminos desolados en busca de los falsos profetas. Vosotros tenéis que volver a consagrarse todos al corazón de mi amado Hijo. A volver a vivir en armonía y paz, y realizar una profunda y verdadera confesión, para limpiar vuestras almas y vuestros corazones, y entregarse en cuerpo y alma a ayudar cada hermano vuestro que padece y sufre. Tenéis que estar unidos en el amor misericordias de Cristo Jesús. Tenéis que volver al gran encuentro a traves de la luz. Tenéis que vivir en oración por la paz, y la total armonía entre todos los pueblos. Vosotros sois lo que más amo. Vosotros sois mis pequeños. Quienes tenéis que comprender lo que hoy os pide mi corazón que derrama lagrimas de dolor. ¿Y si vieran el dolor que vosotros provocáis a vuestro Padre y a mi Hijo y al Espíritu Santo? No harían lo que están haciendo ... Por eso hoy os vuelvo a reiterar amados hijos ... vuelvan a mi iglesia, vuelvan al amor del Padre, Hijo y Espíritu Santo, vuelvan a participar de la gran fiesta donde libres de todo pecado recibierais el Cuerpo y la Sangre de mi Hijo. Para ser luz en un mundo de oscuridad, para ser amor, en un mundo de odio y rencor, y para ser un bálsamo para las heridas de todos aquellos hermanos vuestros que sufren. Amados hijos, cada día os pido y os suplico, que vuelvan a mi morada, que vuelvan los ojos al cielo y os arrodilleis a pedir perdón a vuestro Creador. Ya amados hijos, si no cambian, el tiempo se acortara y en vuestras manos quedara si quieren que siga brillando la luz del amor sobre la tierra y en vuestros corazones o se torne en total oscuridad, dolor y desolación. Os convoco a seguir tras los pasos de mi Hijo. A escuchar las palabras de vuestros Pastores. Déjense guiar por ellos. Y a respetar y amar al Pastor Mayor, aquel que se encuentra en el lugar de Pedro. Hijos escuchen su voz, y sigan el sendero rumbo a una nueva vida, una vida llena de amor, y vivan en eterna comunión y sean felices porque a vuestro lado estará vuestro hermano. Porque sentirán en sus cuerpo la Luz Divina de su amor. Entonces ya seréis libres, sin ataduras en vuestros corazones. Volverán a ser libres criaturas de la creación como mi amado Señor os creo. Abrasad la cruz y amad con todo vuestro corazón a Cristo Jesús, fuente inagotable del más puro y sublime amor. Hijos os espero en mi morada, os espero junto a mi corazón. Recibid la llama de mis manos para que siempre esté en cada uno de vosotros la luz de una nueva vida, una nueva era, y formen una nueva civilización donde las puertas del infierno se han de cerrar, si vosotros cambiais, si vosotros os consagráis, si aprenden a caminar por el sendero de la luz, si aprenden a vivir con almas limpias y cristalinas. Y en ella vivirá mi Hijo, donde vivirán en eterna unidad y eterna comunión ... En vosotros queda amados pequeños y os queda muy poco tiempo, en retomar el sendero de la luz o seguir en el sendero del dolor. Os amo, únanse amados míos. Únanse todos junto a los Pastores, en el gran rebaño y unidos caminen junto a las tierras fértiles donde está la luz misericordiosa de mi amado Señor. Amén. Santa María Madre de la Iglesia. 23/09/2008 07:45 horas.
Dice Santa María: Hijo, toma mi mano y cierra tus ojos. Yo te iré mostrando a cada paso que daremos, todo el mundo en el cual vosotros habitáis. Donde veréis a vuestros hermanos separados, donde la envidia reina sobre ellos, la codicia y ambiciones. Donde no veréis a ningún hermano detenerse ante el dolor que padecen sus hermanos, y aquellos que veais detener son muy pocos para tanto dolor ... Una tierra desbastada por vosotros mismos ... con experimentos que os llevan rumbo a fracasos con intentos de saber lo que no debéis saber ... Vosotros no os dais cuenta que todo está simplemente frente a los ojos de cada uno. No os dais cuenta que vosotros mismos podéis curar vuestras heridas ... Pero no. Os encontráis muy apurados por obtener cada momento mas y mas cosas que os darán placer. ¿Y os preguntasteis hijos míos a cambio de que? ¿No se detienen a pensar que están entregando su alma, su vida, el amor, el momento en que podéis disfrutar de vuestras familias, de besar a cada uno de vuestros hijos, de decirle a vuestra mujeres o esposos que los aman, y besar las manos de vuestros Padres? Pero estáis muy ocupados tratando de obtener todo lo que puedan ... Os repito la misma pregunta ... ¿ de qué os va a servir? Si vosotros supierais que no os podéis llevar nada! Como llegan al mundo de la misma forma partirán ... Pero con algo diferente. Tendrán que detenerse ante mi amado Señor y ver en el libro de la vida todo los que habéiss echo hasta el momento. Y muchos de vosotros amados pequeños veréis esas hojas en blanco, porque si no hay amor, no se escriben en sus páginas absolutamente nada. También te mostrare en algunos continentes ríos de sangre de vuestros hermanos combatiendo en enfrentamientos sangrientos. Y caminaremos e iremos rumbo a pueblos y naciones donde mis pequeños padecen hambre y frio mientras los que poseen el poder viven sometiéndolos y terminando por ambición con toda la creación. Veras a muchas almas también llorando envueltas entre el fuego y el dolor, queriendo ver la luz de mi amado Señor, pero ellas, os puedo asegurar que oran por ustedes y ustedes no por ellas. Si lo hicierais os puedo asegurar que librarían muchas almas que se encuentran en la oscuridad. Y también mirarás hijo el dolor de todas las mujeres que son y fueron sometidas. Y también os mostrare a los niños y jóvenes entregados en manos de hombres que le quitan su espíritu para venderlos para su placer ... Después de todo eso, quiero que preguntéis a todos mis hijos cuando se dirigen a vuestro Padre, a mi Hijo, o a mi vuestra Madre, culpándonos de todo lo que os ocurre ... Yo os diría que mediten cada una de vuestras palabras y que piensen un instante ¿ quien es el culpable de lo que os sucede a cada uno de vosotros? ... ¿Nosotros amados hijos o vosotros mismos que no sabeis buscar la felicidad? ¿que se encuentra en las cosas mas sencillas, en la entrega a mi amado Hijo y en él a mi Señor? Hijos, vuelvan a rezar. Vuelvan al gran rebaño. Vuelvan al amor, y entréguense cada día mas y mas al Inmaculado Corazón. Para que de esa forma comiencen a ver muchas conversiones entre vosotros, y el amor reine para siempre en cada cuerpo, y en cada corazón. Para que se entreguen unos a otros y caminen unidos en el gran rebaño, y todos juntos oren la oración que mi hijo os dejo. Abre vuestros ojos hijo mío... Ya has visto a traves del largo camino una parte de un mundo que tiene que cambiar. De un mundo donde ya no existe el amor ... Por eso yo os pido a vos y en vos a todos aquellos mis pequeños en distintas partes de vuestro continentes, aquellos que escuchan mi voz, que se unan para hacer brillar la luz de Cristo sobre todos los continentes y iluminen el corazón y el alma de cada uno de mis hijos. Dile también a mi Hijos predilectos, que los guíen y los acompañen. Que los lleven a un mundo donde el amor es la fuente más grande que los ha de unir en la luz. Hijo vivan en libertad pero no se olviden de que aquí estamos, junto a cada uno de vosotros, para guiarlos rumbo al amor, y la unidad. Y os prometo que vivirán en un mundo nuevo, un mundo de amor. Vive amado hijo y cread un mundo donde reine por los siglos de los siglos la luz del sagrado corazón. Amén. Santa María Madre De La iglesia. 23/09/2008 13:30 horas
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«En cuanto a las revelaciones privadas, es mejor creer que no creer en ellas; porque si crees y resultan ser verdaderas, te sentirás feliz de que creíste, porque Nuestra Santa Madre lo pidió. Y si resultan ser falsas, tú recibes todas las bendiciones como si fueran verdaderas, porque creíste que eran verdad.»
(Papa Urbano VIII, 1636 )