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María Madre de la Iglesia |
| Revelación privada a José Luís Belmonte |
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21 de septiembre de 2008 Dice Cristo Jesús: Amados Hermanos, yo os doy todo mi amor. Os entrego mis palabras y los guío por el sendero de la luz. Os he dado mi Sangre y mi Carne. He muerto en la cruz por vuestros pecados. Os cuido en todo momento junto a mi amada Madre y a los ángeles, y voy donde cada uno de vosotros vais, tratando de llevarlos por el sendero del amor. Amados hermanos si vosotros pudierais detenerse. Es el inmenso correr para obtener aquellas cosas que os pensáis que son tan importante para vuestras vidas, que son el lujo, el placer de obtener cada día que transcurre mas y mas cosas que pensáis que son de inmenso valor para vuestra existencia y no os paráis a pensar que por obtener todo eso que nada os servirá, abandonáis a vuestras familias. Que ya no habláis ni disfrutáis de vuestros hijos, que hasta se han olvidado de decir te amo a vuestras familias. De abrazar a vuestros padres y expresarles todo vuestro amor. De ayudar a vuestros hermanos, de construir un mundo sin mentiras, ni odios ni rencores, de estar al lado de aquel que está solo, sufriendo y se encuentra enfermo. Cuantas veces hermanos míos acuden hasta mi morada a pedirme, a suplicarme que los acompañe en los momentos más tremendos que vosotros pasáis. Y no os dais cuenta que yo jamás los he abandonado, a ninguno de vosotros. Sois vosotros quienes nos han abandonado a nosotros. A mi amado Padre que vela continuamente por cada uno de sus hijos. A mi amada Madre que sufre y derrama lagrimas de dolor por ver a muchos de sus hijos perdidos por el mundo... Muchos de vosotros amados hermanos pensáis que venir a mi morada quizás sea una pérdida de tiempo, que en mi morada no me encuentro, que solo hay imágenes ... Yo os digo queridos hermanos, en cada imagen me encuentro Yo y más aun me encontraras en Cuerpo y Sangre en el Sacramento y me hallaran se vienen junto al Sagrario, y os escuchare y vosotros si prestáis atención me han de escuchar diciendo como hace miles de años que los amo. Que yo he dado mi vida por vosotros y vosotros no habéis cambiado nada, al contrario hermanos míos, siguen cometiendo los mismos pecados y cada día se acrecientan mas y mas. Yo os pido desde mi corazón, que recéis todos los días la coronilla a las 15 horas, a todas mis criaturas que lo hagan tendrán mi eterno amor, tendrán mi indulgencia, tendrán el perdón, porque he de ir hasta mi Padre junto a mi amada Madre a pedirle que os perdone. Pero no se olviden amados hermanos de rezar. En la oración como mi Madre os dice se encuentra la salvación de todas vuestras almas, y conviértanse y amen a mi amado Padre y únanse en la eterna comunión. Dejadme vivir en cada corazón, en cada alma vuestra, dejadme caminar de vuestras manos, y hablarles y decirles y guiándolos por el valle de la paz. Hermanos míos no nos dejéis, marchándose de nuestro lado. No abandonéis vuestro rebaño y marchéis por falsos senderos, solo debéis escuchar la voz de aquel que ocupa el sillón de Pedro, de vuestros Pastores, y cumplan con los Sagrados Mandamientos, y veréis que todo ha de cambiar, que el mundo ha de cambiar, que la paz es posible, que el amor, la misericordia, la justicia estará siempre con cada uno de vosotros. Pero lo que tenéis que pensar que lo que obtendréis es la vida eterna, si cumplen con los Sagrados Mandamientos, que es el encuentro con mi Padre, en el conmigo y el Espíritu Santo, junto a mi amada Madre, a los Santos, ángeles y Arcángeles, en el Reino de los Cielos, viviendo en la eternidad del tiempo en eterna unidad en mi corazón. Amén. 21/09/2008 15:05 horas.
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«En cuanto a las revelaciones privadas, es mejor creer que no creer en ellas; porque si crees y resultan ser verdaderas, te sentirás feliz de que creíste, porque Nuestra Santa Madre lo pidió. Y si resultan ser falsas, tú recibes todas las bendiciones como si fueran verdaderas, porque creíste que eran verdad.»
(Papa Urbano VIII, 1636 )