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María Madre de la Iglesia |
| Revelación privada a José Luís Belmonte |
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20 de septiembre de 2008 Dice Cristo Jesús: Amados hermanos, yo he preparado la tierra fértil para que vosotros sembradores, la trabajen, para que siembren en ella las semillas del amor y de la paz, para que se fortalezcan y crezcan bajo el cuidado de cada uno de vosotros. Pero debéis tener cuidado que la semilla caiga sobre la tierra fértil, que esa semilla no se derrame sobre lugares que no podrán extender sus raíces y morir. Yo necesito que esas raíces crezcan sean fuertes y se extiendan a través de todos los continentes, que esas raíces ingresen en los corazones mas endurecidos y los transformen llenando de amor. Cubran toda la tierra con la semilla de la paz, y de la misericordia. Que mis trigales queridos hermanos se conviertan en el Pan de la vida eterna, que la vid de, a trabes de ella, el vino que unido con el agua se ha de convertir en mi Sangre, y en cada celebración, en cada encuentro, ingresare en el cuerpo de cada uno de vosotros, y podré morar, y estaré adentro de vuestros cuerpos guiándolos por el sendero de la luz. Y seréis quienes han de guiar a traves de mis palabras a vuestros hermanos a la tierra prometida, al sendero de la luz, al encuentro con el amor, con la misericordia y la paz. Pero debéis tener mucho cuidado, amados hermanos míos, que esta siembra sea inmensa y fuerte, que esta siembra pueda llegar a cada uno de mis hermanos, que a traves de ella vean la majestuosidad de mi amado Padre y ser bendecidos por el Espíritu Santo. No os preocupéis amados hermanos si una de esas diminutas semilla cayera sobre una roca. Yo he de hacer que esa roca se convierta en un terrón de tierra fértil que haga extender también sus raíces, porque estaré a vuestro lado y será uno mas de vosotros sembrando y cuidando de cada uno de mis inmensos trigales.
Dice Santa María: Amados Hijos, han escuchado la voz de mi amado Hijo y en El la voz de mi Señor y de mi amado esposo el Espíritu Santo. Porque los tres están unidos en uno solo. En Cristo Jesús, vuestro amado Padre, que quiere hacer llegar a cada uno de sus hijos su eterno amor, que los ira formando a traves de su hijo, y su hijo a traves de los apóstoles que lo acompañaran, como miles de años atrás, para realizar una verdadera evangelización, sobre todos los continentes. Debéis escuchar pequeños míos y seguir tras los pasos de mi Hijo. Debéis sembrar y luego llegara la gran cosecha que mi Iglesia os dará, para la salvación de vuestras almas. Yo os bendigo amados hijos a cada uno de vosotros, sin distinción de razas ni color. Vosotros sois mis amados pequeños y estáis siempre en lo mas profundo de mi corazón. Vengan junto a mi, amados pequeños míos, y en El al Padre y veréis descender sobre todos vosotros al Espíritu Santo bendiciéndolos, con la brisa del mas pura e infinito amor. Únanse pequeños míos, y vuelvan a mi morada, allí os esperamos, vuelvan a unirse en el eterno amor. Amen.
Dice Cristo Jesús: Yo, amados Hermanos, unido a mi amada Madre os pido que se unan en el gran rebaño para la gloria de Dios Padre. Vuelvan a mi morada, y escuchen siempre a vuestros Pastores, y respeten y sigan las palabras del Pastor Mayor, aquel que es el sucesor de Pedro, aquel que trae en sus manos y en su corazón la verdad, el amor, la misericordia y la justicia. Cuiden a el, ámenlo y únanse a cada uno de mis apóstoles y caminen unidos por el sendero del amor. No dejéis jamás amados hermanos, que mi Iglesia, la Iglesia de mi amada Madre, sea atacada por las fuerzas del mal, defiéndanla y también no permitas que ataquen a mis amados Hermanos y Apóstoles de la palabra. Santa María Madre de la Iglesia junto a su amado Hijo JESÚS. 20/09/2008 11:00 horas.
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«En cuanto a las revelaciones privadas, es mejor creer que no creer en ellas; porque si crees y resultan ser verdaderas, te sentirás feliz de que creíste, porque Nuestra Santa Madre lo pidió. Y si resultan ser falsas, tú recibes todas las bendiciones como si fueran verdaderas, porque creíste que eran verdad.»
(Papa Urbano VIII, 1636 )