María Madre de la Iglesia
Revelación privada a José Luís Belmonte

 

18 de septiembre de 2008

 Dice Cristo Jesús:

Amados hermanos, muchas veses os oigo decir "¿donde os encuentra mi amado Jesús? ¿porque en este preciso momento de inmenso dolor no se encuentra a mi lado?  ¿porque no escucha mis ruegos? ¿ porque me ha abandonado? ¿ no se da cuenta que lo necesito hoy, en este preciso instante? ¿ que no puedo encontrar consuelo para mi corazón, que me siento solo, y desesperados en esta inmensa soledad que oprime mi pecho?" ...  y Yo me pregunto ¿ como no os detenéis un instante a meditar, un solo instante ? y os daréis cuenta que jamás os he dejado solos. Que siempre he estado y estoy a vuestro lado. Que mi amor por cada uno de vosotros es puro y que los amo hermanos míos hasta morir por el perdón de vuestros pecados.

Vosotros pensáis que mi amada Madre os abandona, que mi Padre no sufre cuando os ve que apartados estáis muchas veces de los evangelios, del libro Sagrado, de nuestro encuentro. ¿Vosotros pensasteis alguna ves que los necesita? Porque cada uno de vosotros sois un pedacito de su corazón. Por eso amados hermanos, nunca quisiera oír mas de vuestros labios  que se encuentras solos, porque vosotros mismos os mentís.

En cambio nosotros sí nos encontramos solos. Muchas veces en nuestra morada. Porque muchos de vosotros os recordáis que estamos cuando os pasa algo, cuando creen que todo se termina, cuando no tienen esperanza y los invade el miedo. Mientras tanto no recuerdan hermanos míos de llegar hasta mi morada a decirme simplemente "hermano, aquí estoy ¿sabes? ...  te vengo a decir presente ...  simplemente quiero compartir un instante contigo, contarte lo bueno y lo malo ...  abrir mi humilde corazón  para realizar una profunda confesión con voz , Hermano ...  y quiero pedirte que me ayudes a caminar de vuestra mano ... " ¿ Sabéis amados hermanos como necesito escuchar esas palabras? ¿ como necesito que os confeséis y limpies vuestras almas de todo pecado, para poder morar adentro de vuestros cuerpos, para poder ser la luz que ilumine a traves de cada uno de vosotros un mundo que hoy se encuentra entre tinieblas  y que muchos de vosotros estáis perdidos sin saber como retornar, porque no podéis ver la luz del sendero que los guía rumbo a mi amado Padre?

Hermanos míos, lleguen hasta la presencia de mi amada Madre, y lleven en sus manos todo su amor, y demuéstrenle que realmente están arrepentidos del dolor que vosotros le hacéis transitar. No os dais cuenta de las lagrimas que nuestra Madre derrama por cada uno de sus pequeños. Ella los espera  para tomarlos en sus brazos como cuando eran niños, como ella les dice mis pequeños. ¡Cuanto amor hay en su corazón! ¡Cuanta llama del mas puro amor tiene para entregarles a cada uno de vosotros! Ella, la fiel defensora de todos vuestros pecados. La intercesora siempre, hagáis lo que hagáis, los defiende siempre y los protege bajo su manto de misericordia y amor, mas allá que muchos de vosotros le hayan dado la espalda. Y no la quieran reconocer como vuestra amada Madre.

Hermanos, Yo vuestro hermano, Padre y Espíritu Santo unidos en una sola persona y en el amor Inmaculado del Corazón del Padre os he de perdonar, si vosotros llegais hasta mi morada o a los pies de mi amada Madre, llevando una verdadera confesión. Y os hemos de entregar nuestra eterno amor, y veréis que después del largo sendero que deberías caminar se encontraran con la luz, con el amor, con la misericordia, con la justicia y con la paz. Y verán vuestros ojos abrirse las puertas del Reino de los Cielos, para que estéis junto a cada uno de nosotros bajo la protección y el eterno amor. Venid amados hermanos y caminemos juntos rumbo al encuentro del amor. Amen. 

Cristo Jesús. 

18/09/2008                                                                            0:10 horas.

 

 Dice Santa María:

Amados hijos, os pido desde mi corazón de Madre de todos vosotros, que se arrepienten de todos vuestros pecados. Que se entreguen en los brazos de Cristo Jesús. Que empecéis una verdadera entrega en cuerpo y alma para que pueda brillar la luz del eterno amor sobre cada uno de vosotros.

¿No podéis entender que si no lo hacen, amados pequeños, cada minuto que transcurre en vuestro mundo, se debilita mas y mas vuestras almas y podéis caer en las garras de Satanás hundiéndose en la mas inmensa oscuridad?

Continuamente amados hijos os pido que os sometáis a una verdadera confesión, que mediten sobre los Santos Evangelios, que comiencen a vivir una vida santa, pura, consagrada al verdadero amor. Que seáis fieles a mi iglesia, que respetéis y cuidéis de muchos de vuestros Pastores ... pero no me escucháis ...  es como si nada de lo que yo vuestra Madre os digo, os hablo, les presteis total atención ...

Ya muchos de vosotros, amados pequeños, miro con total dolor que se han marchado rumbo al sendero de la oscuridad a traves de grandes engaños. Veo como sufren, las ataduras que tienen vuestros corazones, y en la inmensa oscuridad que os encontráis. No os creáis amados hijos que no se y no comprendo. Sé por todo lo que tenéis que atravesar, se que en vuestro mundo nada es fácil como vosotros decís para ninguno, pero os pregunto… ¿y vuestra fe? ¿ en donde se encuentra ese amor que muchas veces frente a mi me  profesabais o por lo menos me decían amados pequeños que sentían en vuestros corazones?

Hijos, no solo basta con que vengáis a mi morada. Con eso solo no tenéis ganado el Reino de los Cielos, porque tenéis también que estar ayudando a todos vuestros hermanos que sufren, aquellos que no poseen sustento para poder vivir dignamente. Muchos de vosotros tenéis que ir y mirar con vuestros propios ojos el dolor, la tristeza, la soledad, que se encuentra en muchos lugares de vuestros continentes. Pero no lo hacéis. Os encontráis padeciéndote de tus pequeños dolores o fracasos. Y eso os hace egoístas y que se encierran en vuestro mundo si importarles el dolor de todos aquellos hermanos que se encuentran muy cerca vuestro. Y en cada uno de  ustedes esta llegar a su corazón a traves de la palabra, de la misericordia, de la verdad y del amor que anida en vuestros corazones. Dejad salir pequeños míos esa luz y ese fuego de amor que al nacer les hemos dado a cada uno de vosotros e iluminen el mundo quitando toda tiniebla de el para que todos puedan hallar el verdadero sendero de mi Señor.

Hijos, hoy os pregunto, ¿porque no se encuentran a meditar? ¿ porque no se unen en oración? ¿porque no salen como os pido a Evangelizar, junto a mis Hijos predilectos?  Hijos, si no lo hacen, yo no os puedo decir cuanto tiempo transcurrirá a partir de estos momentos en las cuales el mundo llorará, porque esa desunión entre vosotros, entre hermanos, os llevara a grandes tempestades, a grandes dolores, a inmensas miserias, y a guerras desatas entre vosotros ... ¡no quiero ver ríos de sangre sobre la tierra ! quiero ver rostros felices y niños jugando en paz, ancianos viviendo en la alegría que os da el corazón Inmaculado de mi amado Jesús. Quiero que mis Hijos predilectos os guíen por el sendero de la verdadera luz. Quiero que se unan a ellos y que recéis también por todos aquellos que se apartaron del gran rebaño, por todos aquellos que están unidos a las fuerzas del mal.

Se amados hijos que mi Iglesia será atacada, que muchos de vosotros vais a sufrir grandes persecuciones, pero deben unirse junto a las milicias celestiales para derrotar al malvado y yo os prometo que iré delante de las milicias y APLASTARE LA CABEZA DE LA VÍBORA, para que puedan vivir en eterna armonía, amor, misericordia y paz.

En vuestras manos deposito hoy mi humilde pedido, en vosotros os dejo la elección como libres hijos que sois de decidir cual es el camino que queréis tomar. Si es el de la oscuridad total o el de la luz tras los pasos de mi amado Hijo.

Únanse, os ruego a vuestros Pastores. Cuiden de vuestro Pastor Mayor, aquel que tiene el poder de guiarlos en el lugar de Pedro. Cuiden de futuros ataques a mi Iglesia y defendedla.

Hijos os reitero, estáis a tiempo de cambiar el destino de toda la humanidad. En vuestras manos os dejo la elección. vuestro amado Padre, mi esposo, junto a mi Hijo y al Espíritu Santo y yo, vuestra Madre, estamos tristes y llenos de dolor. Nuestros corazones lloran al verlos lo que están haciendo cada uno de vosotros ...

 

  Dice el Padre:

Yo, Padre, os entregue una tierra donde los inmensos prados fueran sembrados por la semilla del amor, con inmensos ríos, y montañas, con todas la riquezas para poder vivir en eterna armonía. Pero nunca, amados Hijos, pudieron entender el amor que sentía y siento por cada uno. Os envié a mi amado Hijo a que estuviera entre vosotros. El los evangelizó, les enseño el verdadero camino rumbo a mi morada y vosotros lo llevaron a morir en la cruz, lo azotaron, lo castigaron, lo insultaron ... y no os dabais cuenta que en el estaba yo, vuestro Padre, unidos por la misma sangre, por el mismo cuerpo, por el mismo amor ...  pero no se detuvieron hasta cumplir con lo que vosotros queríais ...  vivir apartados de todo amor.

Hoy, junto a mi amada y fiel esposa, unido a mi Hijo y al Espíritu Santo, les rogamos que mediten amados Hijos porque os queremos y no quiero que sufran mas. Sobre todo los mas pequeños y aquellos que ya son ancianos. No quiero que sufran los que comienzan la vida y aquellos que se encuentran ya en el final de ella, para poder ingresar a la vida verdadera y eterna que se encuentra en mi morada en el Reino de los Cielos, o en la inmensa oscuridad, en la noche total.

 

 Dice Santa María:

Hijos, amados pequeños, por eso queremos que se unan todos los rebaños y lleguen por el sendero del amor al encuentro un día frente a las puertas del Reino de los Cielos, libres de todo pecado y puedan ingresar al Reino eterno del amor.

Amados pequeños mediten mis palabras, y a mis Hijos predilectos acompañen a vuestros rebaños, salgan de los muros, recorran todo lugar y únanse a cada uno de ellos a través de la más pura misericordia de vuestro corazón. Hijos os amo. Amen. 

Santa Maria Madre de la Iglesia. 

18/09/2008                                                                                        07:30 horas.

 

 Dice Santa María:

Amados hijos míos, solo tenéis que pedirme. Solo simplemente os pido  que lleguéis hasta mi morada trayendo en vuestras manos el pedido que haréis desde lo mas profundo de vuestro corazón. Yo os prometo que junto a mi amado Hijo, los dos unidos en el amor, llegaremos hasta el encuentro con mi amado Señor y podremos a sus pies lo que cada uno de vosotros nos traen en vuestras manos temblorosas y en sus corazones llenos de dolor.

Pidan pequeños míos y tened la seguridad que vuestro Padre, fuente eterna del amor, os concederá a cada uno lo que han llegado hasta nuestra morada a traer,  pero dejen de llorar queridos míos. No derraméis mas una lagrima porque no ayudaran de nada. Se del dolor que debéis sentir en vuestros corazones pero yo os pido que se arrodillen y recen amados de mi corazón, simplemente recen. Porque de esa forma estaremos mas unidos en el amor y veréis como la llama de mi corazón cubrirá vuestras heridas del corazón, y será un bálsamo de amor y de misericordia. De esa forma la luz eterna del amor crecerá hasta envolverlos a cada uno de vosotros y les concederá todo lo que vosotros hoy  vienen hasta muestra morada a  pedir.

Hijos amados os repito, no sufran mas, yo vuestra Madre quiero estar al lado de cada uno de vosotros, ayudarlos a sobrellevar las angustias, las penas, el dolor inmenso que oprime vuestros corazones y quiero ser el pañuelo que seque vuestras lagrimas y tomarlos entre mis brazos con todo mi amor y protegerlos.

Hijos, yo velare junto a cada uno, yo estaré presente en todo momento, yo seré quien os socorre cuando el dolor no les permita ni siquiera poder respirar porque los asfixia. Yo he de  estar  allí a vuestro lado, yo estaré  tendiéndoles mis manos, yo estaré  depositando en vuestros corazones el fuego eterno de mi amor, y mi Hijo entregándoles la luz de su Misericordioso Corazón.

No teman amados pequeños todo cesara, y la calma volverá a la vida de cada uno de vosotros, junto al amor, la paz y la eterna felicidad. Amen.  

Santa María Madre De La Iglesia.  

18/09/2008                                                                22:51horas.


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«En cuanto a las revelaciones privadas, es mejor creer que no creer en ellas; porque si crees y resultan ser verdaderas, te sentirás feliz de que creíste, porque Nuestra Santa Madre lo pidió. Y si resultan ser falsas, tú recibes todas las bendiciones como si fueran verdaderas, porque creíste que eran verdad.»

(Papa Urbano VIII, 1636 )