María Madre de la Iglesia
Revelación privada a José Luís Belmonte

 

3 de octubre de 2008

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 Dice Santa María:

Amados hijos, pequeños míos: os quiero decir a todos vosotros, aquellos que han de venir hasta mi morada. Se del sacrificio y el dolor que muchos de vosotros padecéis. Se que muchas veces os es imposible seguir el sendero que los conduce a mi morada. Pero hijo, deseo que vosotros sepáis que vuestra Madre es  inmensamente feliz solo cuando os veo que os ponéis en camino rumbo a encontrarse cada uno conmigo. Jamáis pequeños míos podréis imaginar la inmensa alegría. Os lo digo con las palabras más sencillas y puras que parten de los labios de vuestra Madre. Porque si pudierais ver amados pequeños  partir de mis ojos las lagrimas ... pero quiero que comprendáis que son de inmensa  felicidad. Acompañadas por lagrimas de amor, lagrimas que parten desde mi corazón de Madre de todos vosotros. Y sé que muchos de vosotros no pueden llegar porque el agotamiento, el dolor ...  no sufráis amados hijos porque yo te iré a buscar y llegaran, tened la mas inmensa seguridad que llegaras, pero con mi compañía hasta mi Iglesia, vuestra Iglesia. Ppero no quiero que os sintáis mal, porque yo he visto el inmenso sacrificio que habéis hecho. Hijos yo no quiero que sufran, quiero verlos felices, contentos en todo ese largo peregrinar. Quiero sentir el amor que irradia el alma y el corazón de cada uno de vosotros. No os preocupéis si no pueden llegar. Llegaran de cualquier forma porque a traves de otros hermanos los llevaran y mi felicidad será igual. Cuando os vea llegar, mi llama de amor se encenderá mas y mas y os derramare sobre todos vosotros, cubriéndolos como un manto de amor, de profesión. Y tendrías de mi corazón la eterna bendición.

Hijos cada una de las demostraciones que vosotros me hacéis, no podrán comprender jamás lo inmensamente feliz. Y si pudieran ver a mi amado Hijo y a mi Señor, la inmensa alegría que hay en sus Inmaculados Corazones! Si pudieran ver a todos los Santos y los coros celestiales, al recibirlos, al encontrarnos, al sentir el amor que se transforma en la mas preciosa rosa y esa rosa es la unidad de todas las almas en una sola, unida a la luz divina de Cristo Jesús. Vosotros tenéis que saber que con cada uno de vosotros ira a vuestro lado como siempre vuestro ángel protector, y encabezando este encuentro irán miles de ángeles y los arcángeles adelante como guiándolos por este inmenso sendero coronado por la alegría, donde la luz del amor os protegerá. Amados hijos, quiero decirles a cada uno de vosotros que yo me he de encontrar con vosotros y con el gran amor que nos une. Venid amados míos, cantando, rezando, pero os pido que recéis el Santo Rosario por todas las almas del purgatorio, por la paz de vuestros continentes, por aquellos que se encuentran enfermos, por los que están solos, por los que están impedidos de venir por sus edades, por los que están impedidos porque se encuentran privados de su libertad. Recen hijos, recen por cada uno de ellos, y abrasad vuestras cruces y bésenla en todo ese sendero por el que transitaran. Amenla y deposítenla a mis pies cuando llegues a mi lado. Besadme amados hijos porque yo os besare a cada uno de vosotros, porque mis brazos estarán extendidos para abrazarlos y cobijarlos como cuando eran niños. Siempre serán mis niños, mis pequeños, mis pequeñas florecitas.

¡Cuanto amor amados hijos os he derramar mañana sobre todos vosotros! Y el Espíritu Santo descenderá en todo el peregrinar sobre cada uno ingresando en vuestras almas. Hijos, os espero. Pero os pido que vengan unidos como verdadero rebaño que sois. Que vengan unidos en la comunión y el amor de los corazones. Que estén siempre juntos ayudándose unos a otros y al final del sendero yo os espero para entregarle todo mi amor y mi eterna bendición.

Os amo, os espero, os quiero. Amados hijos os quiero hacer partícipe a cada uno de vosotros  de lo que hoy  siente mi corazón, la inmensa alegría de unirme como cada uno de vosotros. Como vienen hasta mi morada  todos los años trayendo en vuestras manos el dolor, el cansancio, la soledad, las preocupaciones, el miedo. Pero que sepáis queridos hijos, que os pido que dejéis a mis pies todos vuestros sentimientos, que yo recogeré junto a mi amado Hijo esa inmensa cruz y la hemos de cargar y esa cruz se ha de transformar en una verdadera lluvia, que descienda sobre toda la tierra, de rosas que partirán junto a la eterna luz del amor de nuestros corazones.  Unidos siempre en el eterno amor, del Padre, Hijo y Espíritu Santo, y yo os cubriré con el manto y la llama de mi eterno  amor. Amén. 

SANTA MARÍA MADRE DE LA IGLESIA.

 

03/10/2008                                                             07:25 HORAS.

 


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«En cuanto a las revelaciones privadas, es mejor creer que no creer en ellas; porque si crees y resultan ser verdaderas, te sentirás feliz de que creíste, porque Nuestra Santa Madre lo pidió. Y si resultan ser falsas, tú recibes todas las bendiciones como si fueran verdaderas, porque creíste que eran verdad.»

(Papa Urbano VIII, 1636 )