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María Madre de la Iglesia |
| Revelación privada a José Luís Belmonte |
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1 de octubre de 2008
Dice Santa María: Hoy, amados hijos, el sendero ha de ser iluminado por la luz divina de mi Señor. Por ella os han de guiar, y aprenderán a caminar de la mano de mi amado Hijo. En ese encuentro han de aprender como debéis de entregaros a cada hermano vuestro, como debéis orar por la paz de vuestro mundo. La entrega en cuerpo y alma por todos vuestros hermanos que se encuentran postrados, aquellos que padecen dolor y desolación, aquellos que no encuentran en su camino el verdadero amor y la inmensa paz. Hijos, si cada uno de vosotros se unieran en el Santo Rosario, si caminaran en peregrinación hasta el encuentro con la luz divina de la misericordia y de la paz, si comenzaran hablar el idioma que nace en el corazón de cada uno, y en él se encuentra morando mi Hijo, veréis que seréis luz en todos los continentes. Que el dolor y la soledad ha de desaparecer, que la luz estará siempre sobre cada uno de vosotros acompañándolos junto a las rosas más hermosas, que con sus perfumes envolverán vuestras almas y sentiréis el calor de la llama de mi eterno amor. Yo os busco amados hijos, yo os quiero tener entre mis brazos como cuando eran pequeños. Yo os quiero proteger de todo mal, y enseñarles y guiarlos rumbo a la verdadera vida. Veo que muchas veces sois tentados por el ángel desterrado y por las fuerzas del mal, pero en cada uno de vosotros esta no oír sus palabras, no permitir que os engañe, no ir por el sendero que os da muchas cosas sin importancia, pero al final os quita el tesoro mas valioso que vosotros amados pequeños míos poseéis: vuestras almas. Reflexionen amados pequeños y únanse en el largo caminar, y siembren a sus pasos la semilla del amor, de la justicia, de la misericordia, sean humildes y sencillos pero que esa humildad parta de lo más profundo de vuestros corazones. No cometáis nunca más una injusticia contra un hermano vuestro. No os peliéis. Hablen pequeños míos, hablen. Y escuchen. Y aprendan a vivir en eterna comunión. Para eso tenéis que volver a mi amada Iglesia, consagrarse a Cristo Jesús, ser obedientes a vuestros Pastores y escuchar la voz del amor, de aquel que se encuentra en el sillón de Pedro. Entonces veréis como una nueva vida, una nueva civilización nacerá en vuestro mundo y en el corazón de cada uno sentiréis una inmensa alegría y un gozo especial, porque habréis vuelto a encontraros con vuestro Hermano y a traves de el con vuestro Padre y el Espíritu santo. Y yo he de caminar por este largo sendero, paso a paso. Os mirare fijo a vuestros ojos porque en ellos está el reflejo de vuestras almas, para que siempre estén limpias de todo pecado y cuando os toque partir a la vida eterna y las puertas del cielo se abran de par en par, pueda mi corazón ser inmensamente feliz porque os veré ingresar y estaremos unidos en el Reino de los Cielos, como estuvimos pequeños míos en vuestra tierra, unidos en la llama de mi eterno amor. Amén. SANTA MARÍA MADRE DE LA IGLESIA. 01/10/2008 10:45 HORAS.
Dice Santa María: Amado hijo, no os debéis sentir solo y con temor. Debéis seguir caminando como lo habiéis hecho hasta ahora. Escuchando cada una de mis palabras, caminando de la mano de mi amado Hijo, sintiendo en vuestro corazón mi llamado, y aceptando cada una de mis palabras. Tú tienes hijo en tus manos la llama de mi amor, solamente tienes que comenzar a entregarle a cada uno de vuestros hermanos. Tienes en vuestros labios las palabras para llegar al corazón de cada hijo mío, tienes la misericordia que os enseño y os dejo Cristo Jesús, que se encuentra en vuestro corazón y vuestra alma. Se hijo que el sendero que debéis caminar es muy largo. También que se encuentran muchos obstáculos que vos sabréis sobrepasarlos. Tendréis muchas espinas, en vuestro andar, pero sigue amado pequeño mío, sigue el sendero de la luz. Sigue la voz de Cristo Jesús que desde vuestro corazón os va diciendo lo que debéis hacer. Escucha mis palabras y transmítelas al mundo, no os detengáis, porque es el momento amado hijo de comenzar junto a vuestros Pastores, la nueva Evangelización, el gran encuentro con cada uno de vuestros hermanos. Sosteniendo en vuestras manos el libro Sagrado. Y con el recorre , ciudades, pueblos y naciones, unido a vuestros hermanos en el mundo, aquellos que yo he elegido, para que con mis Hijos E hijas predilectos formen una verdadera legión de hermanos que saldrán a llevar las palabras del eterno amor. Sé que os sois todos vosotros muy perseguidos, se que sois rechazados por muchos de mis Hijos pero no debéis cesar en vuestro caminar. Porque debéis mostrarle a ellos que tu solo eres un peregrino de mi inmenso amor, un apóstol de la palabra, un misionero del amor y de la paz. Hijo, salva las almas de todos aquellos que se encuentran encadenados. Lucha contra el Ángel desterrado, abrazad con todas vuestras fuerzas mi amada Iglesia, y sed humilde y sumiso. Únete a mis Hijos predilectos y a vuestro Pastor Mayor, aquel que habla a través de sus labios mi amado Hijo. No permitáis que las fuerzas del mal avancen sobre mi morada, defiéndelas y únete a las milicias celestiales. Yo amado hijo iré adelante y he de aplastar la cabeza de la víbora, y con vosotros todos unidos desterraremos de toda la faz del mundo a todas las fuerzas del mal, y vivirán en eterna armonía y comunión con Cristo Jesús y el amor renacerá, junto a la misericordia, la justicia y la paz. Os amo, hijo y dile a mis Hijos E hijas predilectas que siempre están en mi corazón, que los amo y se del sacrificio que deben atravesar muchos de ellos. Las calumnias y las injurias para de esa forma manchar mi Iglesia pura y Santa. Quiero que sea en la tierra mi Iglesia, ya os dije, gloriosa como lo es en el Reino de los Cielos y sé que todos vosotros unidos lo lograreis. Os amo, no dejéis de escuchar mis palabras. No dejéis de recibir mi eterno amor, y únanse amados hijos e hijas todos a mi eterno amor de Madre, junto a Cristo Jesús bajo la bendición de su sagrado corazón. Amén. Santa María Madre de la Iglesia Mensajera del Amor. 01/10/2008 12:55Horas.
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«En cuanto a las revelaciones privadas, es mejor creer que no creer en ellas; porque si crees y resultan ser verdaderas, te sentirás feliz de que creíste, porque Nuestra Santa Madre lo pidió. Y si resultan ser falsas, tú recibes todas las bendiciones como si fueran verdaderas, porque creíste que eran verdad.»
(Papa Urbano VIII, 1636 )