María Madre de la Iglesia
Revelación privada a José Luís Belmonte

 

30 de julio de 2008

Dice Santa María :

Los días se convertirán en noche, y el cielo llorará, tendrán desiertos inmensos, y ciudades cubiertas por el inmenso mar, la tierra temblara, y los volcanes derramaran la sangre de las entrañas de la tierra. Los vientos soplarán como inmensos huracanes, todo será silencio, pero eso os ocurrirá para que vosotros amados míos comiencen a unirse en el amor y la paz, para que reflexionen, y vuelvan al sendero junto a vuestros Pastores. Nada os pasara. Solo sentirán que si no os dais cuenta a través de estos signos, si la tierra donde habitan ha de desaparecer ... pero no hijos, porque nosotros queremos que os pase ... porque nosotros, vuestro Padre unido al Hijo y al Espíritu Santo y a mi Inmaculado Corazón solo sentimos amor, y queremos protegerlos, separándolos del ángel desterrado por mi Señor, de las fuerzas del mal, que están envolviendo vuestras almas y llevándolas rumbo a la inmensa oscuridad.

Despierten amados pequeños, acudan a mi morada, confiesen vuestros pecados. Liberen vuestras almas y unidos a mi amado hijo comiencen a transitar juntos el sendero de la Luz. Aquella que ha de guiarlos rumbo a la tierra prometida. Todavía amados pequeños os queda mucho tiempo, pero ya debéis comenzar a cambiar el rumbo de vuestras vidas. Ya verán cambiar el sendero por el cual han tomado, y verán entonces, la oscuridad desaparecerá y el sol a de brillar sobre el firmamento, los desiertos se convertirán en jardines celestiales, el mar será calmo, la tierra de detendrá en su continuo movimiento, y las montañas no despedirán mas de sus entrañas la sangre de la Madre tierra.

Todo será paz, armonía, justicia, misericordia, amor, y volverán al comienzo de la vida, donde el mundo era un paraíso el que mi amado Señor os dejo, vuelvan pequeños míos vuelvan al amor de Cristo Jesús, vuelvan a mis brazos y en ellos hallaran todo mi amor. Os amo. Amén.

Santa María Madre De La Iglesia.

30/07/2008                                                             08:08Horas.

 

Sobre el Mensaje:

 

+Amada Primavera, Mi preciosa perla, tú tienes Mi Amistad, la Amistad de un Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, pocos tienen Amistad con Dios, Yo os elijo y os cuento como míos y os doy el privilegio de explicaros las parábolas y todo lo escondido de los labios de Dios en Santa y Total unidad. Y para que el mundo vea que os uno a ti y a Mi amado y fiel siervo de María, Madre de la Iglesia y Madre Mía: el bendito hijo del Amor de la excelsa Madre de Dios, María, que por amor a su hermana, a la hermana del elegido, del instrumento de dolor y servicio, sí tú José Luís Belmonte y tu hermana bendita Clarisa Belmonte, a la que las flores tienen envidia de su maravilloso perfume de amor y por amor y con amor santidad a Dios. Oh Amados hermanos, tú Clarisa, tú José Luís: Venid a Mis brazos, (Y veo como Dios Jesús los abraza, uno en cada costado y los dos en el mismo abrazo, y Cristo llora, y ellos lloran con Jesús, y yo lloro al verlos llorar) venid a los brazos de Dios el Altísimo que vivo por siempre jamás en los corazones de los hijos de unos padres buenos y que conmigo, con Dios, gozan de las delicias del Cielo Eterno. E aquí Yo Dios que os hago saber por Primavera lo que habla la voz más bella de la creación, la de Santa María Madre de la Iglesia; Madre Mía de Dios Amor y que os Amo con devoción de enamorado.

 

Los días se convertirán en noche. Quiere decir que las conciencias de las personas estarán en negra noche, que no verán la luz, que perderán la conciencia.

 

El cielo llorará. Las lágrimas de dolor, de toda clase de dolor, saldrán de las personas. Ni una será feliz en este mundo: Ni una.

 

Tendrán desiertos inmensos. Es la soledad de las personas. Cada uno estará solo, se sentirá solo como un desierto inmenso. Sin el amor, sin compañía, sin ayuda, porque todos necesitarán de ayuda y no sabrán como dársela unos a otros porque todos estarán solos, ¡solos! En su desierto.

 

Ciudades cubiertas por el mismo mar. Es la familia, la familia estará cubierta por el mismo mar de la desolación de no comprenderse ni perdonarse, de ser egoístas, soberbios y orgullosos, viviendo cada uno con rencor, con odio y venganzas.

 

la tierra temblará. Cada uno temblara en sus enfermedades, por sus enfermedades, corporales o mentales; se oirá el temblor de las conciencias que van a la deriva, que no saben que hacer, donde ir.

 

y los volcanes derramarán la sangre de las entrañas de la tierra. Esas pasiones, ese libertinaje sexual, matarán a miles de niños que no nacen que no nacerán. Esta es la sangre de la concupiscencia: El Aborto, el asesinato.

 

Amada Primavera, a petición de tantas almas, te devuelvo la salud: Estas curada, porque la oración de los futuros santos todo lo puede de Mí, de Dios. Puede hacer que Yo Dios te cure en un ¡zas! Y puede hacer que os unáis todos en una gran red de oración. Devuelve otra vez el mismo formato que había en la sección de peticiones de la Amada Web, DiosJesusTeHabla. Y sigue trabajando, porque la salud que te doy es para que me des tu vida, toda tu vida de las cero horas a las 24 horas. ¿Qué no queda nada para ti? Tendrás ciertamente toda tu eternidad en el Cielo, conmigo. Bendita tú, Amada de Dios, por ser alma de oración. Continua con la ayuda de tu amada hija, mi bendita Flor de Primavera, que me llena de alegría y los Ángeles cantan cuando vienen  a estregarme sus peticiones de sus oraciones benditas. Muchas gracias Amada Flor de Primavera, sigue ayudando a tu madre y sirviendo a los hermanos como intermediaria y así ella descansará más y vivirá mejor su vida de oración continua, prácticamente continua.

 

Deseo Yo Dios, que añadas éstas, Mis palabras al Mensaje que hoy, Mamá, Santa María Madre de la Iglesia, ha entregado, ha depositado en la conciencia de José Luís Belmonte. Porque, tú Amado Mío, de Dios, recibes las Revelaciones de Santa María, en tu misma conciencia, por eso no puedes vivir tranquilo hasta que no veas cumplidas las peticiones de Ella, porque tu conciencia grita por la ejecución de las mismas.

 

Haréis maravillas Conmigo. Yo Dios.

Dice Santa María :

Hijo, yo os he  elegido para que llevéis la voz de vuestra Madre a través de los distintos continentes, para que enseñes a tus hermanos el sendero por el cual deberán caminar. Para que vuelvan todos aquellos al gran rebaño donde son guiados por vuestros pastores. Donde debéis rescatar a través del Santo Rosario todas las almas que sufren en el purgatorio.

Tienes el don de poder hablar, de llegar al corazón de cada uno, de hacerles sentir el calor de mi llama de amor, de cuidarlos y protegerlos, de guiarlos a través de las Sagradas Escrituras, y acompañarlos en los momentos de dolor. Tienes la fuerza del amor, de la misericordia y de la justicia de Cristo Jesús.

En tus manos se encuentra la luz del más puro y infinito amor. En tus ojos la tristeza y el dolor que hay en mi corazón. Tu tendréis que caminar a través del largo desierto, y subir a lo más alto de la montaña, para estar unido a mi amado Hijo, para escuchar su pregón y transmitirlo a todos los continentes. Y para que vos amado hijo le entregues a cada uno de mis pequeños esa paz que tanto ansían en sus corazones.

Sois elegido para que a través vuestro, iras iluminando su senderos, quien cure sus llagas y dolores del cuerpo y del alma, quien nos pida por cada uno de vuestros hermanos. Y nosotros llevaremos en nuestras manos el pedido a mi amado Señor para concederlo. Pero recuerda hijo, que vos no sois quien sana. Solo sois un instrumento del amor, y ten siempre presente, lo que os digo y vivíd en eterna comunión con Cristo Jesús, vuestro salvador. Amén.

SANTA MARÍA MADRE DE LA IGLESIA.

30/07/2008                                                             13:39 Horas.

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«En cuanto a las revelaciones privadas, es mejor creer que no creer en ellas; porque si crees y resultan ser verdaderas, te sentirás feliz de que creíste, porque Nuestra Santa Madre lo pidió. Y si resultan ser falsas, tú recibes todas las bendiciones como si fueran verdaderas, porque creíste que eran verdad.»

(Papa Urbano VIII, 1636 )