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María Madre de la Iglesia |
| Revelación privada a José Luís Belmonte |
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21 de julio de 2008 Dice Santa María : Hijo, escribe lo que quiero decirle a mis pequeños. Aquellos que se encuentran perdidos, aquellos que no saben el rumbo que deberían tomar, que vengan a mis brazos, que vuestra Madre os espera con un corazón cubierto por la llama del amor. Que quiero sentirlos al lado mío como cuando eran pequeños, que dejen de sufrir y de llorar, que cesen en su caminar buscando quienes los guíen para poder salir de la inmensa oscuridad. Vosotros pequeños necesitan oír la palabras del libro Sagrado y por ellas guiarse rumbo a la paz. Amados hijos, la paz, el amor y la misericordia la han de encontrar en mi morada junto a Cristo Jesús, no os dejéis engañar por falsos profetas. No permitáis que llenen vuestros corazones de odios y rencores. No permitáis que os digan pequeños míos que el sendero que deben seguir es otro. Aquel que día a día los separa mas y mas del amor de mi amado Señor. Hijos os repito, venid a mi encuentro os espero con mis brazos abierto para cobijarlos bajo mi manto de eterno amor. Quiero que seáis felices y vivan en eterna comunión con mi amado Hijo. Quiero que vuestras almas estén libres y limpias de todo pecado porque mi Hijo tiene sed de morar en ellas y caminar junto a cada uno de vosotros haciendo crecer las vocaciones en los corazones de mis hijos e hijas para que entre todos seáis la luz del mundo donde vosotros habitáis. Quiero regalarle a cada uno de vosotros una flor la más hermosa de mi jardín celestial, y junto a ella está mi corazón para guiarlos rumbo al sendero, rumbo a la luz de mi amado Señor, rumbo al encuentro con Cristo Jesús. Vuelvan amados pequeños míos, vuelvan junto a vuestros Pastores, escuchen la voz del gran Pastor que él los ha de guiar por el sendero que os ha de llevar rumbo a la tierra fértil donde vivirán en eterna armonía y paz. Hijos os entrego la llama eterna de mi amor. Amén. SANTA MARÍA MADRE DE LA IGLESIA. 21/07/2008 07:04 Horas. |
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«En cuanto a las revelaciones privadas, es mejor creer que no creer en ellas; porque si crees y resultan ser verdaderas, te sentirás feliz de que creíste, porque Nuestra Santa Madre lo pidió. Y si resultan ser falsas, tú recibes todas las bendiciones como si fueran verdaderas, porque creíste que eran verdad.»
(Papa Urbano VIII, 1636 )