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María Madre de la Iglesia |
| Revelación privada a José Luís Belmonte |
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19 de julio de 2008 Dice Santa María : Cuanto silencio hijo mío hay sobre vuestros continentes, cuanta soledad y desolación. Hoy los ríos están embravecidos, y las montañas no dejan de rugir. La tierra esta continuamente en movimiento y el dolor no cesa. Cuanta soledad. El día se ha de convertir en noche, y el canto de las aves se apagará, habrá una nube inmensa que cubrirá el mundo y entrarán todos vosotros amados pequeños en un minuto de reflexión. Verán pasar a través de vuestros ojos vuestras vidas, lo bueno y lo malo que habéis cometido, y llorarán por el inmenso dolor de ver que alejados estuvisteis de vuestro amado Padre. Cuantas veces os diste vuelta el rostro a su amor, y dejasteis solo a mi Hijo, abandonado, sin volver a sus pies para decirle "aquí estoy amado Hermano, os vengo a ver, a estar junto a ti, a entregarte mi humilde amor" ... cuanto hace que no vienen a mi iglesia, que nos os confesáis y estáis en la cena del Señor, cuanto tiempo a pasado desde que no entregáis el verdadero amor a cada uno de aquellos hermanos que sufren, cuanto hace que no tomáis la mano de vuestros Padres y las besáis y comparten un instante como cuando erais niños. No os dais cuenta de que en sus corazones tienen tanto amor para ofrecerles, y sienten tanto dolor porque vosotros los ignoráis a ellos que os dieron la vida. Ya no acarician sus blancos cabellos. Volved a compartir la mesa, la palabra el amor. Ellos os necesitan en su vejez, necesitan de sus hijos, de recibir ahora un poco del amor del que ellos les han entregado a cada uno de vosotros. Cuanto hace que no dais de comer a un hambriento y de beber a un sediento, cuanto hace amados hijos que no leéis las Sagradas Palabras, y no sois un verdaderos misionero del amor de mi amado Señor, del Hijo y del Espíritu Santo. Vosotros os habéis separado de mi Iglesia, del amor de mi Señor, vosotros fuisteis tras el poder y el placer olvidándose de cuidar de vuestras almas, exponiéndolas a las garras del ángel desterrado, para que el se apoderada de cada una de ellas, arrastrándolas a la oscuridad y el dolor, el dolor de estar tan alejados del verdadero amor ... Por eso amados pequeños no temáis, pero llegara a cada uno de vosotros esa inmensa oscuridad. Pero es para que reflexionen y vuelvan al verdadero amor, para que se unan al gran rebaño y caminen todos tomados de la mano, para que seáis guiados por vuestros Pastores rumbo a las colinas fértiles del amor, donde florecen los trigales donde esta siempre la luz de Dios. Hijo dile al mundo que debe orar, que se deben de reunir en la Iglesia, y hacer en vuestros hogares cenáculos donde siembren en los corazones de todos la oración, y el amor de Cristo Jesús a quien debéis de consagraros desde lo mas profundo de vuestro corazón, y preparar vuestros cuerpos totalmente a través de una profunda confesión llenándolos de pureza, de amor y misericordia para que mi hijo habite en cada uno de vosotros y seáis la Iglesia viviente, la Iglesia caminante, y lleven las palabras del mas puro y divino amor de vuestro Padre. Vivan en brazos del amor y sigan tras los pasos de mi Hijo Jesús, abrasad vuestras cruces con eterno pasión porque a través de ella ingresaran en el Reino de los Cielos . Regaladme el Santo Rosario, y vengan a mis brazos para hallar la paz para vuestros corazones y la llama de mi eterno amor, sean luz, defiendan mi Iglesia y vivan en eterna comunión. No temáis a la noche, no temáis al silencio y a la oscuridad, es solo un instante para que a través de ella puedan reflexionar y volver al sendero del amor de Cristo Jesús vuestro Salvador. Amen. SANTA MARÍA MADRE DE LA IGLESIA. 19/07/2008 12:55Horas. |
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«En cuanto a las revelaciones privadas, es mejor creer que no creer en ellas; porque si crees y resultan ser verdaderas, te sentirás feliz de que creíste, porque Nuestra Santa Madre lo pidió. Y si resultan ser falsas, tú recibes todas las bendiciones como si fueran verdaderas, porque creíste que eran verdad.»
(Papa Urbano VIII, 1636 )