María Madre de la Iglesia
Revelación privada a José Luís Belmonte

 

17 de julio de 2008

Dice Santa María :

Hijos,hoy os pido que se unan en la oración todas las religiones. Que caminen juntos por el sendero del amor y de la paz. No podéis ver que vuestro mundo se encuentra al borde de un enfrentamiento despiadado, llevado por hombres que son guiados por el ángel desterrado. Llenos de ambición y poder, donde peleareis padre contra hijos,  hijos contra padres, hermanos contra hermanos, derramando sobre la madre tierra la sangre preciosa de vosotros. Dejando vuestras vidas y llevando a una gran parte de los continentes el dolor, el llanto y la desesperación. No pensáis en vuestras Madres, en el dolor de ver en los campos de batallas los cuerpos de sus hijos, no pensáis en mi, vuestra Madre y en vuestro Padre, el dolor que nos estáis haciendo padecer.

Hijos, vosotros ya no habláis, ya no se detienen a encontrar entre todos la paz y la armonía para vuestros corazones. Ya no se escuchan y no siguen los Sagrados Mandamientos. Están muy alejados de mi Iglesia, y también se alejaron del amor de Cristo Jesús.

Hijos, os amamos y desde mi corazón os pido que reflexionen, que acudan a mi morada, que confiesen vuestros pecados, que se unan a mi Iglesia, y escuchen la voz de mi hijo a través de sus Pastores. Os ruego no llevéis a la destrucción vuestro mundo. Comprendan que mi corazón está llorando, que lo atraviesa una daga al ver que alejados vosotros estáis.

Mo se dejen llevar por falsos profetas, por promesas, pequeños míos. Luchen por la justicia, por la misericordia, por la verdad, y por la paz, a través de la oración unidas todas en las religiones en una sola recen a mi amado Señor. Salven vuestro mundo y salven vuestras almas de caer en el mundo de las tinieblas y del dolor.

Acudan a mis brazos y yo os prometo que os protegeré bajo mi manto de misericordia y eterno amor, y he de derramar sobre todos vuestros corazones la llama de mi eterno amor. Sean luz hijos para iluminar los corazones y las almas de aquellos hijos que hoy se encuentran perdidos, apartados del rebaño, para que lleguen a él y se sienten junto a vuestros pastores a rezar, a consagrarse a Cristo Jesús.

Hijos, mi Iglesia tiene que ser Gloriosa y sé que todos unidos la podrán llevar a ser gloriosa en la tierra como es en el Reino de los Cielos. Hijos os pido desde la más grande humildad y desde mi corazón de Madre, vuelvan a mi morada, vuelvan a Cristo Jesús. Os Amo. Amén.

Santa María Madre De La Iglesia.

17/07/2008                                                                                                                                                                                                                      07:00horas.  

 

Dice Santa María :

Cuánto dolor amados hijos encuentro en el corazón de cada uno de vosotros, cuanto sufrimiento y soledad hay en vuestras vidas. No os puedo comprender queridos míos. Tenéis todo para ser feliz. Mi amado Señor os ha dado todo y vosotros destruis a cada  paso todo lo que os entregó cuando creo el paraíso donde deberíais vivir.

Os veo y no puedo comprender pequeños el porqué buscan placeres en todas aquellas cosas que no tienen valor, que no os sirven para vuestras almas, para crecer como verdaderos hijos de mi Señor, para poder vivir en armonía y paz, para sentir en vuestros corazones la llama ardiente del amor. Vosotros sois náufragos en un inmenso desierto de llanto y de dolor, que no ven porque no quieren el oasis mas inmenso en el cual pueden saciar su sed. Vosotros mismos os dirigis siempre rumbo al dolor, y buscais continuamente aquello que os hace sufrir, y los aleja del amor más puro de Cristo Jesús.

Vosotros mismos os alejáis de mi morada. Ya son muy pocos los hijos que os acordáis de vuestra Madre, sois muy pocos aquellos que llegan hasta mis pies para hacerme compañía, para contarme lo bueno y lo malo, para poder ayudarlos y cobijarlos bajo mi manto eterno de amor.

Que os sucede pequeños míos? ¿que os ha pasado que a través de estos años que fueron transcurriendo se fueron separando mas y mas de mi lado? Se fueron abandonando mi Iglesia, vuestra iglesia, olvidándose de leer el libro Sagrado, de meditar lo que en él se encuentra escrito, de cumplir con los Sagrados mandamientos y ¿saben pequeños que? ... se han olvidado de amar. Si hijos míos, de amar a vuestros hermanos con todo vuestro corazón, de estar al lado de todos aquellos que sufren, de escuchar y llevar a su vez la palabra en una verdadera y profunda evangelización. Ya son pocos los trabajadores que siembran la tierra, y si vosotros supieran que la cosecha que os espera es muy grande, si todos comenzaran a esparce la semilla del amor y de la paz sobre la tierra fértil.

Hijos, los amamos y os hablo desde mi corazón, queremos que vuelvan al amor y se consagren a Cristo Jesús. Os pido que vuelvan a mi Iglesia, vuestra Iglesia, porque cada uno de vosotros sois los que tienen que estar junto a vuestros Pastores evangelizando y salir a misionar en un mundo que se encuentra perdido entre las tinieblas. Escuchen la voz de quien está en el lugar de Pedro, sigan sus pasos, mediten cada una de sus palabras, únanse, todas las religiones, y vuelvan a los brazos del Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amen pequeños míos la vida, y vivan en total libertad, unidos a Cristo Jesús, y cumpliendo sus mandamientos. Sean apóstoles del amor, de la misericordia, de la justicia y de la paz sobre todos los continentes.

Hijos os repito, no escuchen la voz del ángel desterrado, no os dejéis llevar por las fuerzas del mal, combatan contra él con la oración, con el Santo Rosario, y formen cenáculos en todos los continentes, únanse junto a los Pastores y unidos en el rebaño caminen todos juntos al encuentro  de Cristo Jesús. Os Amo. Amén.

SANTA MARÍA MADRE DE LA IGLESIA.

17/07/2008                                                                                      11:00 Horas.

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«En cuanto a las revelaciones privadas, es mejor creer que no creer en ellas; porque si crees y resultan ser verdaderas, te sentirás feliz de que creíste, porque Nuestra Santa Madre lo pidió. Y si resultan ser falsas, tú recibes todas las bendiciones como si fueran verdaderas, porque creíste que eran verdad.»

(Papa Urbano VIII, 1636 )