María Madre de la Iglesia
Revelación privada a José Luís Belmonte

 

11 de julio de 2008

Dice Jesús :

Ven hermano mío y dame vuestra mano. Os voy a mostrar como los caminos muchas veces se cruzan en la vida y entonces os mostrare inmensos abismos, con fuertes  tempestades y el fuego eterno que envuelve las almas junto al dolor y la tristeza reflejada en el rostro de vuestros hermanos, aquellos que no supieron abrasar la cruz con verdadero amor. Sentiréis que por momento vuestras fuerzas se irán perdiendo por el inmenso dolor que ha de atravesar vuestro corazón. Veréis de tus ojos lagrimas que caen por el dolor de ver a vuestros hermanos perdidos en la inmensa oscuridad. Sentirás en vuestro corazón un inmenso dolor y el también ha de llorar lagrimas de sangre, por cada uno de ellos. Seguirás tras mis pasos porque os quiero mostrar el dolor de las almas que se han perdido por seguir a falsos profetas, por no tomar el sendero mas largo pero el de la luz y del amor.

Entonces hermano mío, una inmensa luzh a de cubrir todo tu cuerpo, será la luz de mi amado Padre que os mostrara el sendero por el cual tienes que guiar junto a mis discípulos vuestros Pastores a los grandes rebaños. Y de esa forma has de salvar a todas esas almas sumergidas en el valle del dolor. Solo hermano los salvará la oración, la humildad y el eterno amor. Ahí has de aprender lo que realmente es el amor. Aquel amor sublime, misericordioso y puro que anida en el corazón de mi amado Padre por cada uno de vosotros sus hijos. Veréis el dolor que siente cuando os ve que apartados están del verdadero sendero del amor.

Luego hermano mío, comenzaras a transitar como un fiel y buen pastor por el sendero que mi Padre os señalo, has de escuchar las trompetas celestiales junto a los coros de Ángeles anunciando un nuevo día, una nueva civilización basada en el libro Sagrado, en la evangelización de las almas. Y la paz y el amor anidaran en los corazones de todos vuestros hermanos, porque en ese preciso momento es donde conocerán el rostro de mi amado Padre.

Hermano, no os detengáis ya mas junto a vuestros hermanos. Aquellos que mi amada Madre eligió. Únanse y comiencen a guiar a los rebaños, a la tierra prometida, donde el sol brilla y la luz ilumina las grandes montañas, con inmensos ríos, y mares cristalinos, las inmensas praderas y valles fértiles donde deberéis sembrar la semilla del amor.

Hermano, quiero que junto a vuestros hermanos vengan a mi gran mesa, siendo luz eterna en vuestro corazón. Coman y beban de mi Cuerpo y de mi Sangre y entonces han de ser vuestros cuerpos templos sagrados donde pueda morar, para caminar unidos a través del mundo, siendo peregrinos, misioneros, del mas profundo amor. Yo, junto a mi Padre y al Espíritu Santo, unidos en un solo cuerpo os amamos, junto a mi amada Madre Reina y Señora del los Cielos y el Universo, Madre eterna de mi Iglesia, peregrina y mensajera de la bendición de mi humilde corazón, queremos que seáis vosotros quienes siembren las grandes praderas con la semilla eterna del mas puro amor, florezcan los trigales donde nacerá la unión, y la fuerza de los vientos llevara su semilla a través de los continentes, para que crezcan en el el pan de la vida, el pan de la salvación. Unidos a mi mesa donde vivirán en el Reino eterno de los Cielos. Donde verán la Iglesia pura y gloriosa, triunfante y peregrina, y se abrirán sus puertas para recibir a cada uno de sus hijos bajo la luz que parte de mi humilde corazón.

Hermano, seguid junto a vuestros Hermanos. Únanse todos aquellos elegidos, junto a mis Pastores, para sembrar el mundo de pureza y eterno amor. Amen.  

JESÚS DE NAZARET. 

11/07/2008                                                                            14:30 HORAS.  

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«En cuanto a las revelaciones privadas, es mejor creer que no creer en ellas; porque si crees y resultan ser verdaderas, te sentirás feliz de que creíste, porque Nuestra Santa Madre lo pidió. Y si resultan ser falsas, tú recibes todas las bendiciones como si fueran verdaderas, porque creíste que eran verdad.»

(Papa Urbano VIII, 1636 )