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María Madre de la Iglesia |
| Revelación privada a José Luís Belmonte |
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04 de julio de 2008 Dice Jesús : Hermano mío, Yo Soy la verdad y la vida. Soy quien os pide que sigáis la voz que os marca el sendero del más puro amor mi amada Madre. Que en vuestro corazón este siempre presente la llama de su eterno y infinito amor. Debéis hablar siempre, amado hermano, con la verdad y con una inmensa humildad. Nunca reniegues, y di siempre a todos vuestros hermanos lo que mi Madre os pide. Enséñales a mis discípulos que tienen que seguir el sendero que os dejé marcado y ponerse al frente de sus rebaños. Que tienen que acompañarlos y estar aconsejándolos todo el tiempo. Que jamás suelten las manos de ninguno de ellos, y que brinden desde su corazón todo el amor, la misericordia y la paz. Y diles a cada uno que deberán realizar sobre todos los continentes una profunda y verdadera evangelización. Que cada uno de mis Apóstoles deberán ponerse al frente de sus rebaños y salir de los muros de mi Iglesia, en busca de las almas perdidas y de aquellas que se encuentran totalmente confundidas sin saber el rumbo que tienen que seguir. Deben acercarse cada día más al pueblo de mi amado Padre, ya nada sirven las palabras si no son acompañadas con hechos, si no se comienza por la caridad con todos los que padecen hambre y frio, si no se reúnen y a través de la oración detienen toda guerra desatada y feroz entre mis amados hermanos y toda falta de justicia y miserias que hoy reina en vuestro mundo. Hermanos míos, si no pueden comprender que el ser discípulo quiere decir ser el más pequeño de todos, aquel hijo que debe vivir en total humildad y que a través del largo peregrinar va transmitiendo al mundo su testimonio del amor más grande y infinito, de esa entrega del alma con todos aquellos hermanos que sufren y padecen, tratando de sanar las heridas de sus corazones, y de esa forma comenzaran a crecer las conversiones entre vuestros rebaños. Hermano, no os detengáis. Tienes que evangelizar y misionar. Tienen que estar preparado para la mayor batalla que jamáis hayan visto, y ser verdaderos soldados de mi amado Padre. Hoy os pido que sigáis llevando adelante cada uno de los pedidos que os haga mi amada Madre. Lleva sus mensajes a través de todos los continentes y pídele a mis discípulos que los escuchen, los mediten y lo propaguen entre sus rebaños, y que te acompañen en el largo sendero de la luz y verán renacer entre las cenizas el pueblo consagrado a mi amado Padre. Mi Iglesia se ha de levantar sobre todo el mundo siendo el faro de luz que ha de iluminar las almas de todos vosotros. Entrégate en los brazos de María vuestra Madre y Madre de toda mi Iglesia y lucha hermano defendiendo a vuestros hermanos de los ataques y calumnias que tendrán que soportar muchos de mis discípulos y las persecuciones de vosotros que me seguís. Pero os prometo amados hermanos, que juntos entraran en el Reino de los Cielos, junto a mi Inmaculado Corazón, bajo la bendición del Espíritu Santo y el amor de mi Padre, junto a la llama de amor de mi Madre. Nos uniremos para levantar sobre todos los continentes la Iglesia, peregrina, misionera, evangelizadora, que ha de iluminar todos los continentes. Hermano, unid a todos aquellos hermanos que hoy están preparados para luchar en la defensa de la fe, y del amor de vuestro Padre y de mi amada Madre. Hermano mío os bendigo. En vos reciban todos mis amados hermanos la eterna bendición de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén. 04/07/2008 07:05 horas. Dice Santa María : Cuantos días y noches os pasan amados hijos buscando la felicidad! ... y os lamentan porque no lo son ... Yo os pregunto: ¿cuál es la verdadera felicidad para cada uno de vosotros?,¿ es el poseer poder?, ¿tener inmensos lujos?, ¿ser ovacionado muchas veces y ser reconocido por cosas que hacéis? ... Si pensáis que en esas cosas se encuentran la verdadera felicidad os tengo que decir ¡que equivocados pequeños míos que estáis! La felicidad, la vais a encontrar en la sonrisa de un niño, en la mirada tierna de un anciano, en la palabras de amor de todos aquellos que os rodean, en la familia, en el acercamiento a mi amado Señor, en el encuentro diario a través de la oración, en ver la naturaleza que os rodea, en vivir en paz y armonía, en escuchar cada mañana el canto de los pájaro, junto a un nuevo amanecer, en oír el murmullo del viento y ver un cielo totalmente estrellado ... en todas las cosas que mi amado Señor os entrego y os sigue dando minuto a minuto de vuestras vidas. En ese encuentro en cada misa, con mi amado Hijo, celebrando que ha de ingresar en vuestro cuerpo para morar, para ser luz desde vuestras almas y ser una pequeña luz que se unirá a otras marcando el sendero que los guía rumbo a la luz misericordiosa de Cristo Jesús, a la verdadera felicidad, la paz, la justicia, la misericordia y el amor. Pequeños míos, esa es la verdadera felicidad. Ahí encontraras la verdadera vida, una vida llena de ternura, donde verán un mundo nuevo abrirse frente a vuestros ojos. Donde puedan sentir mi llama de amor como os cobija y mi manto cubriéndolos bajo su eterna protección. Es ahí donde debéis ser felices. Cuando le dan la mano a ese hermano vuestro que se encuentra triste, solo, enfermo ... cuando vais a evangelizar a ese hermano que no puede llegar hasta mi morada ... en la caricia y el beso de aquel anciano que se encuentra solo ... en extender vuestra mano a todos aquellos que no tienen donde morar, aquellos que no tienen un trozo de pan, cuando le dais de comer y de beber ... Por eso amados hijos os digo, la felicidad verdadera está en todas estas cosas quizás muy pequeñas para muchos de vosotros, pero inmensamente grandes para todos aquellos que sufren. Vuelvan sus miradas al amor y no busquéis mas la felicidad en el poder. Porque jamáis, hijos, la encontraran. Encontraran vanidad, orgullo ... y tengan la pura seguridad que no les ha de abrir las puertas del Reino de los Cielos jamás ... porque quien busca esa felicidad, quien posee todo eso y no comparte con ningún hermano jamás gozara del Reino de los Cielos, y os puedo asegurar pequeños míos que ahí no está la tan buscada felicidad por muchos de vosotros ... Quiero que mediten cada palabra mía, quiero que interpreten en mi sencille. Quiero hablarles de la misma forma que vosotros habláis para que puedan entender, realmente lo que os voy diciendo en cada encuentro. Vivan amados hijos pero en el amor. Sean felices en la entrega diaria a mí amado Señor, y vivan para dar amor a todos vuestros hermanos y verán que en esas pequeñas cosas quizás para muchos de vosotros, encontraran la verdadera y eterna felicidad. Porque al tener un corazón limpio y puro vuestra alma estará unida a mi corazón, junto al de mi Hijo, al Padre y el Espíritu Santo. Mediten pequeños míos lo que os digo. Amén. Santa María Madre De La Iglesia. 04/07/2008 11:12horas. |
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«En cuanto a las revelaciones privadas, es mejor creer que no creer en ellas; porque si crees y resultan ser verdaderas, te sentirás feliz de que creíste, porque Nuestra Santa Madre lo pidió. Y si resultan ser falsas, tú recibes todas las bendiciones como si fueran verdaderas, porque creíste que eran verdad.»
(Papa Urbano VIII, 1636 )