María Madre de la Iglesia
Revelación privada a José Luís Belmonte

 

27 de agosto de 2009

Dice Santa María:

Amados hijitos cuanto tiempo tendrá que pasar en vuestras vidas para que os deis cuenta del dolor que están atravesando en distintos lugares de vuestros continentes muchos de vuestros hermanos, hasta cuando os quedareis callados y no saldrán en la defensa del amor, de la justicia, de la misericordia, de la paz, hasta cuando dejareis que sufran el flagelo del hambre, de la sed de no tener un lugar donde protegerse, vosotros sabéis  que  millones de hermanos en todo vuestro mundo no tienen un lugar donde habitar que son despojados de sus propias tierras que por derecho propio les pertenece,  hasta cuando levantareis vuestras manos empuñando armas para tomar la vida de mis hijitos llevados por aquellos que ostentan tener poder y ser quienes pueden decidir sobre cada uno de vosotros lo que deberéis hacer, hasta cuando dejareis que mi imagen sea quitada de la presencia de mis amados hijitos, por hombres que están siendo llevadas por el ángel desterrado , amados hijitos os pregunto cuánto tiempo más a de transcurrir, cuánto tiempo más pasara hasta que os deis cuenta que ha llegado el momento de que debéis unir sin importar el color, la nacionalidad, o la religión que habéis abrasado, no pueden comprender que todos sois hijos del mismo Padre y mis amados Hijos no os dais cuenta que mientras vosotros estáis separados el ángel desterrado sigue apoderándose cada día de más y más almas y los lleva rumbo a la oscuridad y el dolor, no pueden comprender que mi morada se encuentra en peligro en manos de los barbaros y todos aquellos hijos e hijas predilectas si os dejan avanzar, vosotros debéis unir en la defensa de mi morada, pero no solo en la defensa de ella si no en la defensa de la vida, de vuestras almas y de que se cumpla la justicia sobre todo el mundo, y que todos compartan lo que poseen y que ya nadie más quiera someter a ninguno de vosotros, vosotros amados hijitos sois libres criaturas de la creación y tenéis que comprender que nadie posee el derecho de someterlos y disponer de vuestras vidas, rompan las cadenas amados hijitos, y comiencen a caminar todos unidos por el sendero de la luz y para eso primero tenéis que venir a mi morada a vuestras moradas y confiesen vuestros pecados liberen vuestras almas de todo pecado y recibid el cuerpo y la sangre de mi Hijo, y tomad entre vuestras manos el libro sagrado y deberéis salir a realizar una profunda evangelización basta amados pequeños de tanta mentira, de falsos profetas, de aquellos que quieren callar la voz de mi amada Iglesia, de aquellos que quieren llevar las almas de mis hijos rumbo a las lenguas de fuego, os tenéis que encolumnar atrás de mis hijos e hijas predilectas y escuchar de aquel que se encuentra sentado en el trono de Pedro lo que os pide  no os olvidéis que viene pidiendo en nombre de CRISTO JESUS que evangelicen a un mundo que está en la inmensa oscuridad, y vosotros no lo estáis cumpliendo, de vivir en armonía y paz y llevar vuestras cruces con infinito amor, y amar hijitos, sí,  amar con todas vuestras fuerzas a cada uno de vuestros hermanos y caminar todos unidos en el gran rebaño rumbo a la tierra fértil, a la tierra prometida, al amor de CRISTO JESUS, únanse hijitos míos hoy os ruego desde mi corazón de Madre de todos vosotros, únanse y conságrense al sagrado corazón de mi amado Hijo, vuelvan a sus principios y haced crecer la luz de la evangelización en los corazones de todos aquellos que tanto se han alejado de mi morada y de nuestro corazón, os amamos, os ruego hijitos míos no me hagáis sufrir más, os amo y os ruego que se unan en mi morada, escuchen la voz de vuestros pastores y haced crecer la misericordia, el amor, la paz y  la justicia sobre todo vuestro mundo. Amén.

SANTA MARÍA MADRE DE LA IGLESIA.


27/08/2009                                                               04:00 Horas.

 

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«En cuanto a las revelaciones privadas, es mejor creer que no creer en ellas; porque si crees y resultan ser verdaderas, te sentirás feliz de que creíste, porque Nuestra Santa Madre lo pidió. Y si resultan ser falsas, tú recibes todas las bendiciones como si fueran verdaderas, porque creíste que eran verdad.»

(Papa Urbano VIII, 1636 )