María Madre de la Iglesia
Revelación privada a José Luís Belmonte

 

21 de agosto de 2008

 Dice Santa María:

Amados hijos, dejen ingresar en vuestros corazones la luz misericordiosa de mi amado Hijo. Déjense llevar al encuentro del amor y de la paz. Escuchen la voz que os guiara rumbo a la verdadera felicidad, y la unión entre vosotros hermanos. Abrasad fuerte vuestra fe, y amad a Cristo Jesús.

Sigue tras sus huellas y habla con El. Escucha en cada uno de sus sermones, las palabras que harán que tu alma crezca en la luz misericordiosa del amor más puro. Para que vivan en eterna comunión. Que sea vuestro cuerpo, amados hijos, un templo de amor y puedan llevar a todos aquellos que están sufriendo, la palabras, y junto a la palabras, el amor y la luz. Aquella que ha de cambiar el rumbo de vuestro mundo, donde a través de ella y de las oraciones de todos vosotros, amados hijos, cesaran las guerras, las pestes, el dolor y sufrimiento de muchos de vosotros, pequeños de mi corazón.

No os pido nada que no puedan realizar- Solo les pido desde mi corazón de Madre de todos vosotros que os abráis a las palabras que se encuentran en las Sagradas Escrituras, que mediten de ellas y lleven al mundo la paz y el eterno amor del Padre Hijo y Espíritu Santo. Os convoco a que vengáis a mi Iglesia, que llegues hasta los pies de mi altar, que me contéis vuestros dolores y vuestras penas. Que pongáis en mis manos esa cruz que tanto os pesa que quizás os agobia. Yo la he de cargar junto a vosotros y juntos iremos caminando de la mano por el sendero de la paz.

Vivan amados pequeños amando y consagrándose a Cristo Jesús. Recen por todas las almas del purgatorio, y por todos vuestros hermanos, aquellos que sufren, aquellos que se alejaron tanto del rebaño y no pueden hallar la luz para volver.

Vosotros tenéis que ser esa luz que ilumine el sendero junto a mi Iglesia, junto a vuestros Pastores, junto al amor de Cristo Jesús. Rompan las cadenas que atan vuestras almas y vivan en libertad, y eterna comunión.

Amados Hijos caminen junto al gran Pastor, escuchen su voz y ámenlo. Cuiden de el, amados  hijos y vivan en eterna unidad, con vuestro Padre y a su vez con mi Hijo y el Espíritu Santo, en el amor eterno de Cristo Jesús vuestro salvador. 

Os amo, y os pido recen hijos el Santo Rosario, vivan en comunión. Y sean apóstoles de la palabra y de esa forma mi Iglesia la veréis crecer y ser luz en todo el mundo para que a traves de ella crezcan las conversiones y el eterno amor. Os amo. Amén.

SANTA MARÍA MADRE DE LA IGLESIA.

21/08/2008                                                             08:10HORAS.

 

 Dice Santa María:

Hijo, os voy a pedir que prestéis mucha atención a cada una de las palabras que os diré, porque debéis llevar mi mensaje a todos vuestros hermanos a traves de los continentes. Vosotros sabéis que os pido continuamente en un  lenguaje sencillo y lleno del mas puro amor,  para que puedan entender mis palabras, que recen el Santo Rosario. ¿Porque os pido? Porque quiero que sepáis que las oraciones no son un simple rezo, si no que a traves de ellas y si formáis una cadena en el mundo, veréis, amado hijo, vos y mis pequeños, grandes milagros que ocurrirán en muchos de mis pequeños que sufren en el mundo.

Pero el que se ha de cumplir  es aquel que tanto dolor nos hace sentir en nuestro corazón, en el de vuestro amado Padre, mi Hijo y en mi corazón, el de que el ángel desterrado junto a las fuerzas del mal los quiere llevar a varios de vuestros continentes a una inmensa y larga guerra que ha de cobrar la vida de muchos de vosotros. Si os comprometéis a orar, amados hijos podrán ver que los corazones de esos hijos que os quieren conducir a levantarse en armas, dejarán de lado su deseo de conquistas y de poder, y se han de convertir, desatando sus corazones y liberando sus almas para volver al encuentro de Cristo Jesús.

Muchas veces amado hijo veríais que os pido y os ruego que les digas a todos mis pequeños, que le hagáis llegar mi pedido a mis Hijos predilectos para que ellos, como apóstoles del amor de mi Hijo, os guíen a sus rebaños. Pero es que vosotros, amados pequeños, a traves de todos estos años siguen obstinados igual en no escuchar, en no formar Cenáculos, y centros de oración donde unirse para orar, pero siguen sin escuchar mi suplica y hasta han llegado a  desafiar a mi amado Señor, en vuestras manos os deposito amado hijo este pedido que hoy es más que eso es una súplica desde mi corazón de Madre de todos vosotros, porque os amamos, porque no queremos verlos sufrir, no queremos con vuestro amado Padre con mi Hijo y el Espíritu Santo, que vuelva a ocurrir en ningún lugar de vuestra tierra que os lleven a la destrucción, el llanto y el dolor, amados hijos os pido reflexionen, y vuelvan a la oración, tomad el rosario en vuestras manos y recen hijos, hoy más que nunca por la tan deseada paz, por la misericordia, por la justicia, por el amor, y únanse en todo lugar, a rezar el Santo Rosario, y os convoco junto a mi amado Hijo y mi Señor para que no os olvidéis del día 8 de diciembre a las 19 horas a rezar todos unidos en la misericordia y la paz de Cristo Jesús, ese día encended un cirio y que el mundo se ilumine y esa luz se unirá con la luz misericordiosa de Cristo Jesús, derrotando al ángel desterrado por mi Señor. Hijos cuidad de mi Iglesia, y cuidad de vuestros Pastores, cuidad del mundo y volved a ser verdaderos hijos de mi Señor y mis hijos y no nos hagáis sufrir nunca más, os amamos hijos, os amo, no quiero verlos sufrir. Recordad, vosotros eligen el sendero, no nosotros, vosotros os abandonan no nosotros, porque siempre estamos al lado de cada uno de nuestros amados hijos. Volved amados pequeños a mi iglesia, y recen hijos recen. Os amo.  Amen

SANTA MARÍA MADRE DE LA IGLESIA.

21/08/2008                                                             11:53Horas.

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«En cuanto a las revelaciones privadas, es mejor creer que no creer en ellas; porque si crees y resultan ser verdaderas, te sentirás feliz de que creíste, porque Nuestra Santa Madre lo pidió. Y si resultan ser falsas, tú recibes todas las bendiciones como si fueran verdaderas, porque creíste que eran verdad.»

(Papa Urbano VIII, 1636 )