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María Madre de la Iglesia |
| Revelación privada a José Luís Belmonte |
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20 de agosto de 2008 Dice Santa María: Amados hijos, muchas veces os preguntáis porqué estando vuestro Padre, unido a mi Hijo y al Espíritu Santo, permiten las guerras que se desatan en vuestro mundo. Porque permiten el hambre y el frío, las pestes, y muchos de los dolores por los que tenéis que atravesar ... Y yo amados pequeños os pregunto a cada uno de vosotros, si estáis seguros que nosotros, que os amamos con la fuerza más grande y el amor más puro, podemos querer eso para nuestras amadas criaturas ? ... ¿Y vosotros que hacéis? Nos culpáis de lo que os ocurre a cada uno de vosotros. Hijos ¿porque no os ponéis a pensar un solo minuto, y hacen un examen profundo de conciencia ? Y os preguntáis cuando, hijos, vosotros, vinieron hasta mi Iglesia y nos pidieron por todo aquello que os suced ... ¿ cuando os acordáis de vuestro Padre, de mi Hijo y del Espíritu Santo? ¿ cuando venís hasta mi a entregarme una simple rosa que es una oración muy pequeña pero para vuestra Madre es muy grande y llena mi corazón de felicidad? ... Creo que una gran parte de vosotros nunca lo han hecho ... solo nos culpáis ... y solo sabéis repetir "¿porque me sucede esto a mí? ¿porque tengo que llevar esta cruz que tanto me pesa?" ... Yo os pregunto: ¿ no habéis equivocado el sendero queridos hijos, y tomaron el más fácil, en vez de guiarse por el sendero más largo donde está la luz del amor de Cristo Jesús? Os pido que mediten pequeños míos. Nosotros los amamos. Si. Los amamos, y jamás podemos querer que sufran y que se quiten la vida como muchos de vosotros lo hacéis, equivocando el sendero. No es necesario hijos tener en vuestras manos un arma. La podéis quitar, a través de distintas cosas que cometen a diario, esa vida que mi amado Señor os entrego con todo su amor. Sois vosotros, que enceguecidos y llevados por el ángel desterrado y las fuerzas del mal, se apartaron del sendero, de mi Iglesia, de nuestro amor, de la luz misericordiosa de Cristo Jesús, y se marcharon del gran rebaño rumbo a un sendero de oscuridad y dolor. Quiero pedirles hijos míos, simplemente, que mediten cada una de mis palabras. Vosotros veis que os hablo con la sencillez y el amor más grande de una Madre que sufre y llora por cada uno de vosotros. Recen el Santo Rosario. Únanse en el amor y la misericordia. Amen y vivan en paz, y siembren la semilla del amor y la justicia. Pero amados míos, cuando recen, recen también por todos vuestros hermanos. Aquellos que están sufriendo y se alejaron, para que vuelvan al gran rebaño. Hijos os amo. Vuelvan, os espero bajo mi manto de eterno amor. Os espero amados hijos para darle la llama de mi corazón cubierto de amor y de paz. Y queremos guiarlos junto a mi Amado Hijo, rumbo al encuentro con vuestro Padre que los ama, pequeños míos, que sufre porque ve que sus hijos se han apartado de El. Vuelvan a mi Iglesia, vuelvan a sus Pastores para que los guíen rumbo a las tierras fértiles donde está y estará siempre la luz divina de Cristo Jesús y mi eterno amor de Madre de todos vosotros y de mí amada Iglesia. Os amo. Amén. Santa María Madre De la Iglesia. 20/08/2008 13:12horas.
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«En cuanto a las revelaciones privadas, es mejor creer que no creer en ellas; porque si crees y resultan ser verdaderas, te sentirás feliz de que creíste, porque Nuestra Santa Madre lo pidió. Y si resultan ser falsas, tú recibes todas las bendiciones como si fueran verdaderas, porque creíste que eran verdad.»
(Papa Urbano VIII, 1636 )