María Madre de la Iglesia
Revelación privada a José Luís Belmonte

 

14 de agosto de 2008

Dice Jesús:

Amado hermano, Yo Soy la Luz, la Misericordia, la Paz y el Amor, que quiero llegar hasta el corazón de cada uno de vosotros, hermanos amados míos. Quiero guiarlos por el sendero de la luz, para enseñarles como hace miles de años lo he hecho con mis discípulos. Vosotros tenéis, como en ese momento cuando María reunida con mis Apóstoles y familiares y vecinos descendió el Espíritu Santo sobre ellos y partieron hablando distintas lenguas  a realizar una profunda evangelización en todos los continentes, vosotros sois quienes junto a vuestros Pastores llevaran  la luz a las almas de aquellos que se encuentran sumergidas en la inmensa oscuridad y el dolor. Vosotros tenéis en vuestras manos la luz misericordiosa de mi corazón.

Hermanos míos, a traves de la presencia y la voz de mi Madre en vuestro mundo, a cada uno de vosotros está llevando el mensaje de mi Padre, en él el mío y la bendición del Espíritu Santo para que seáis luz en la inmensa oscuridad. Para que seáis el bálsamo que cure las heridas del alma y del cuerpo. Para que os entreguéis a cada uno como lo hice yo.

Tomad amados hermanos vuestras cruces y caminad todos juntos con alegría, con inmenso amor en vuestros corazones, y defiendan la Iglesia, la Iglesia, de la cual mi Madre es la Madre de ella, y quiere que todos sus hijos lleguen hasta el altar para descansar en los brazos de mi Padre. Para estar presente en la gran fiesta donde yo le he de servir de mi Cuerpo y de mi Sangre, para poder vivir adentro de cada uno de vosotros.

Hermanos míos únanse en el amor, recen y comulguen, vengan a mi encuentro los espero con mis brazos extendidos y mi corazón lleno de amor de misericordia de justicia y paz, para cobijarlos a cada uno de vosotros. Lleguen hasta los pies de mi Madre y ámenla como ella los ama. Hermanos míos nuestra Madre padece inmensamente dolor y tristeza por ver a muchos de vosotros apartados del gran rebaño. Al ver que equivocados estáis de la verdad, y por eso os ruego desde mi amor eterno por vosotros, vuelvan a mi corazón. Vuelvan a los brazos de nuestra Madre y al corazón de mi amado Padre.

Hijo evangeliza junto a todos vuestros hermanos y haced que la Iglesia sea la luz del mundo. Amén.

Jesús Cristo

14/08/2008                                                             9:09 Horas

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«En cuanto a las revelaciones privadas, es mejor creer que no creer en ellas; porque si crees y resultan ser verdaderas, te sentirás feliz de que creíste, porque Nuestra Santa Madre lo pidió. Y si resultan ser falsas, tú recibes todas las bendiciones como si fueran verdaderas, porque creíste que eran verdad.»

(Papa Urbano VIII, 1636 )