María Madre de la Iglesia
Revelación privada a José Luís Belmonte

 

12 de agosto de 2008

Dice Santa María:

Amados Hijos, os quiero decir del sufrimiento y el dolor que siente mi corazón al ver a muchos de vosotros en continuos ataques entre si. En llevar adelante batallas donde quedan sobre la tierra los cuerpos de mis pequeños. Donde la justicia hoy está ausente en todos los continentes, y solo se encuentra el odio, rencores, y maldad. Atacan continuamente a mi Iglesia. Blasfeman en contra de mis Hijos predilectos. Llevan adelante una vida totalmente desordenada y apartados muchos de mis pequeños del amor de vuestro Padre. E incluso culpáis muchas veces de las atrocidades que vosotros mismos cometéis en vuestro mundo a mi amado Señor, o a mi amado Hijo.

Vosotros estáis destruyendo la madre tierra, vosotros estais sumergidos en una total desolación y se apartan cada día mas y mas del amor de Cristo Jesús. No os puedo entender amados mios ... el porqué de vuestro comportamiento ... no puedo comprender porque os alejáis del verdadero sendero de la luz. Mo puedo tolerar el dolor que me causan al ver que se apartan muchos del gran rebaño, sin saber el sendero que deberíais tomar, y no os dais cuenta que es allí donde el ángel desterrado se apodera de vuestras almas a traves de falsos profetas, y sois llevados al valle de la oscuridad.

Hoy os pido amados míos que recen todos unidos el Santo Rosario. Que se unan en el amor y la misericordia, y vengáis todos unidos a mi Iglesia, y se unan en eterna oración para volver al amor de mi amado Hijo, y sientan el amor que  mi corazón tiene para  cada uno de mis pequeños.

Amados Hijos, vengan a mis brazos, vuelvan a mi llama de amor. Yo os cubriré bajo mi manto de misericordia y amor y os protegeré. Amados hijos, os amo. No hagáis sufrir más a vuestra Madre. Amén.

Santa María Madre De La Iglesia.

12/08/2008                                                             15:02 Horas.

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«En cuanto a las revelaciones privadas, es mejor creer que no creer en ellas; porque si crees y resultan ser verdaderas, te sentirás feliz de que creíste, porque Nuestra Santa Madre lo pidió. Y si resultan ser falsas, tú recibes todas las bendiciones como si fueran verdaderas, porque creíste que eran verdad.»

(Papa Urbano VIII, 1636 )