María Madre de la Iglesia
Revelación privada a José Luís Belmonte

 

08 de agosto de 2008

Dice Santa María :

Quiero que escuchéis un instante amados, Pequeños míos ...  si mi amor no fuera verdad como muchos de mis hijos pregonan en distintos lugares de los continentes, negando mi presencia, negando mi virginidad, el amor que os tengo por cada uno de vosotros ... no os puedo entender, amados pequeños,  los continuos ataques a mi iglesia, y en ellos a mi amado Señor ... en el a mi Hijo, a mi vuestra Madre.

¿ Porque niegan mi presencia en distintos lugares de vuestros continentes  y tratan de desvirtuar todo lo que se encuentra escrito en el libro de las Sagradas Escrituras ?

¿ Porque no se guían por lo que allí se encuentra escrito?

¿ Porque niegan la resurrección y Asunción al Reino de los cielos de mi Hijo?

¿ Porque quieren hacer creer en falsos profetas y mienten totalmente a mis pequeños ?

¿ Porque sois llevados con engaños rumbo al sendero de las tinieblas y el dolor ?

Hoy quiero que os preguntéis que es lo que buscan mucho de vosotros ...  cual es la luz que vosotros buscáis. Si no se dan cuenta que están entre la inmensa niebla que no les permite ver la verdad, el amor, y la misericordia, que los alejó de mi lado, que los separó del gran rebaño y hoy se encuentran perdids en el valle de lagrimas ...

Vuelvan amados pequeños, vuelvan a mis brazos y a los brazos de Cristo Jesús. Vuelvan rumbo al sendero de la luz y vivan en eterna comunión con Cristo Jesús. Recen el Santo Rosario y siembren en el inmenso valle la semilla del eterno amor, para que florezca en el corazón y las almas de todas mis criaturas. Amen.

Santa María Madre De La Iglesia.  

08/08/2008                                                                20:12 Horas.

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«En cuanto a las revelaciones privadas, es mejor creer que no creer en ellas; porque si crees y resultan ser verdaderas, te sentirás feliz de que creíste, porque Nuestra Santa Madre lo pidió. Y si resultan ser falsas, tú recibes todas las bendiciones como si fueran verdaderas, porque creíste que eran verdad.»

(Papa Urbano VIII, 1636 )